Diario Financiero.- Desde el siglo XIX, el movimiento por los parques municipales surgió como respuesta a los desafíos de la industrialización y el hacinamiento urbano. Ciudades como Londres, Nueva York y Boston fueron pioneras en crear espacios verdes accesibles, concebidos no solo como refugios naturales, sino como una inversión en la salud pública y el equilibrio social.

El paisajista estadounidense Frederick Law Olmsted, creador de Central Park, defendía que los parques eran los “pulmones de la ciudad”, un espacio donde “todas las clases sociales pueden mezclarse libremente” y hallar alivio frente al estrés urbano (EBSCO Research Starters, 2023).
Siglo y medio después, la visión se ha consolidado como una política pública global. Investigaciones recientes describen los parques urbanos como bienes públicos no excluibles que generan beneficios ambientales, sociales y económicos, validando su financiamiento estatal sostenido (ResearchGate, 2024).
Según el Urban Institute, el acceso equitativo a espacios verdes “actúa como infraestructura de salud pública” y reduce brechas de bienestar, especialmente en comunidades de bajos ingresos (Urban.org, 2022).
¿Qué ocurre en la capital dominicana?
En la República Dominicana, el Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN) ha asumido esa visión mediante el Proyecto de Construcción de Obras del Presupuesto Participativo Municipal (PPM 2025), coordinado por la Dirección de Mantenimiento y Obras Comunitarias.
El documento “Cronograma de Ejecución de Obras PPM 2025” detalla un ambicioso plan de intervenciones simultáneas en las tres circunscripciones del Distrito Nacional, abarcando sectores como 30 de Mayo, La Javilla, Enriquillo KM 8 ½, Mata Hambre, Los Praditos, Villa Francisca, Ensanche Capotillo, Gualey, Las Cañitas y Palma Real, entre otros

La ejecución se organiza en lotes y fases de intervención, con duración estimada de junio 2025 a junio 2026. Aunque no todos los proyectos son parques en sentido estricto, muchos se enmarcan en obras comunitarias orientadas a la recuperación de espacios públicos: acondicionamiento de calles, construcción de pequeñas plazas, arborización y áreas de recreación.

¿Cómo afectan positivamente a la ciudadania estas políticas públicas?
Estos proyectos reflejan una tendencia global: las ciudades que invierten en espacios verdes y recreativos mejoran la salud mental, fomentan la confianza vecinal y fortalecen la identidad colectiva.
Un metaanálisis de la National Recreation and Park Association indica que los parques y áreas de esparcimiento incrementan el sentido de comunidad y reducen el aislamiento social, actuando como catalizadores del capital social (NRPA, 2023).
Además, los estudios de la U.S. Forest Service concluyen que las ciudades con sistemas de parques desarrollados presentan más voluntariado, participación cívica y confianza interpersonal, tres indicadores clave del bienestar social (USDA Research, 2024).

Como señala un estudio de la North Carolina State University, “los parques y espacios verdes mejoran la salud mental, reducen el estrés y promueven la conexión comunitaria”, efectos medibles en poblaciones urbanas con acceso regular a áreas verdes (NCSU, 2022).
Estas políticas urbanas cobran especial importancia en contextos caribeños donde la densidad poblacional, el calor urbano y las desigualdades espaciales demandan estrategias de bienestar colectivo. Recuperar espacios públicos es, en el fondo, una forma de democratizar la ciudad.
Replicar la visión en todo el territorio
El desafío siguiente es extender esta política más allá de Santo Domingo, hacia municipios intermedios y comunidades rurales-urbanas que carecen de parques seguros y accesibles.
Según la revista Frontiers in Environmental Science, la equidad en el acceso a parques “mejora la resiliencia comunitaria y la justicia ambiental”, al reducir la exposición a estrés y promover cohesión social incluso en zonas de bajos recursos (Frontiers, 2024).
Replicar el modelo del ADN —integrando infraestructura, participación y planificación social— puede convertir a los parques municipales en un símbolo de ciudadanía activa y de inversión en el futuro urbano dominicano.
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