El partido liberal ruso Yábloko se posiciona como la única agrupación política relevante que pide abiertamente detener la guerra en Ucrania de cara a las elecciones parlamentarias de septiembre, pese a que las encuestas le otorgan apenas 3% de apoyo, muy por debajo del umbral requerido para ingresar a la Duma Estatal.
Con ese respaldo marginal y en un clima de represión sostenida, Yábloko opera en un sistema donde el partido gobernante Rusia Unida ha triunfado en todas las elecciones parlamentarias desde 2003. Que una organización opositora mantenga actividad pública y sume candidatos en ese entorno tiene consecuencias directas sobre el debate interno en Rusia: según el Centro Levada —catalogado como «agente extranjero» por el gobierno ruso—, el 64% de la población apoya negociaciones de paz con Kiev, cifra que asciende a 78% entre los jóvenes de 18 a 24 años.
Represión y candidatos encarcelados
El costo de hacer oposición en Rusia es concreto y documentado. El subdirector del partido, Maxim Kruglov, fue condenado en junio a siete años de prisión por criticar la guerra en redes sociales. Lev Shlosberg, jefe de Yábloko en Pskov, fue arrestado en 2023. El propio líder del partido, Nikolay Rybakov, recibió una multa en diciembre tras publicar una foto de Alexéi Navalny en sus redes, lo que le impide presentarse como candidato en estas elecciones.
Rybakov denunció ante la agencia AFP que «alrededor de 40 activistas del partido se enfrentan a un proceso judicial» y que ocho de ellos permanecen bajo custodia. El Kremlin y los medios oficialistas acusan a Yábloko de ser «extremista» y de recibir apoyo de figuras exiliadas, entre ellas Yulia Navalnaya. El Tribunal Supremo tiene previsto examinar una demanda de un partido nacionalista que solicita la inhabilitación de los candidatos de la formación liberal.
Una base que rejuvenece
A pesar del entorno adverso, el partido incorporó a decenas de activistas jóvenes y presenta cerca de 400 candidatos, de los cuales casi un tercio son menores de 30 años. Marijat Ramazanova, encargada de redes sociales y con 28 años, figura entre ellos: «Yábloko, que en su día fue una organización formada por personas de cuarenta y tantos años, está ahora en auge, sobre todo entre los menores de 20», señaló. Ivan Dorofeyev, otro joven militante, resumió el ánimo de sus compañeros: «Vivir nuestros mejores años con miedo no es normal».
Rybakov, por su parte, enmarcó la participación electoral en términos de urgencia global: «Nuestros principales expertos afirman que estamos más cerca de una guerra nuclear que nunca», advirtió, antes de agregar: «Si logramos acercar la paz aunque sea un solo día, nuestra participación en todo esto no habrá sido en vano».
Dudas sobre la efectividad real
Algunos analistas y opositores en el exilio cuestionan el alcance de la estrategia. El columnista Andrey Volna sugirió que las autoridades toleran la participación de Yábloko para simular pluralidad y garantizar «participación masiva» en las urnas. El analista independiente Konstantin Kalachev sostuvo que el partido carece de «canales de comunicación suficientes» para desafiar a Vladimir Putin.
La paradoja que enfrenta Yábloko es estructural: el partido utiliza unas elecciones cuyo resultado está prácticamente predeterminado para dar visibilidad nacional a su postura contraria a la guerra y captar a una generación que, según Ramazanova, quiere «vivir en un país libre y normal y construir su futuro allí». Las elecciones parlamentarias de septiembre determinarán si esa apuesta de visibilidad resiste la presión legal y política que el Estado ruso mantiene sobre la única voz opositora abierta a la paz.









