Nueva York.- En un escenario marcado por la crisis diplomática entre Estados Unidos y Brasil, los presidentes Donald Trump y Luiz Inácio Lula da Silva expusieron este martes sus divergencias en la Asamblea General de la ONU, aunque acordaron sostener una reunión la próxima semana.
El mandatario brasileño inauguró la sesión con un discurso en el que denunció la “injerencia en asuntos internos” de su país, en referencia a las presiones de Washington por el juicio al expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe tras perder las elecciones de 2022. Sin mencionar a Trump, Lula criticó a los nostálgicos de “antiguas hegemonías” y rechazó las “medidas unilaterales y arbitrarias” contra instituciones y la economía de Brasil.
En agosto, la Casa Blanca impuso aranceles punitivos de 50% a productos brasileños y sanciones consulares y financieras a funcionarios y jueces vinculados al proceso contra Bolsonaro, argumentando que existe una “caza de brujas” contra el exmandatario, aliado político de Trump.
El presidente estadounidense intervino inmediatamente después en Nueva York. Si bien reiteró las críticas a Brasil por “censura, represión y corrupción judicial”, evitó mencionar directamente a Bolsonaro. En cambio, sorprendió al dedicar palabras cordiales a Lula, a quien describió como un hombre “muy agradable”.
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“Lo vi, me vio y nos abrazamos. Sentí una excelente química”, relató Trump sobre el breve encuentro de “unos 39 segundos” que tuvieron entre discursos. Según él, en ese intercambio ambos acordaron mantener una reunión la próxima semana.
El canciller brasileño Mauro Vieira aclaró más tarde que el encuentro será “por teléfono o videoconferencia”, dado que Lula regresará este miércoles a Brasil con una agenda cargada.

En agosto, Lula había manifestado su frustración por la falta de interlocución con Washington. “Queremos negociar y no hay nadie para conversar”, afirmó entonces. Ahora, la apertura de un canal directo con Trump podría marcar un giro en medio de la escalada comercial y diplomática.
Mientras tanto, el escenario político interno sigue condicionado por la situación de Bolsonaro, actualmente en prisión domiciliaria preventiva. La derecha brasileña aún no define a su candidato para las elecciones de 2026, lo que aumenta la incertidumbre sobre el futuro político del país.
El gesto de Trump hacia Lula generó diversas interpretaciones. Para algunos, es un intento de rebajar la tensión y abrir una vía de negociación. Para otros, como el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del exmandatario, representa una muestra de la “genialidad negociadora” del líder estadounidense.
Más allá de las sonrisas y la “química” resaltada por Trump, las diferencias de fondo siguen intactas. Estados Unidos mantiene aranceles y sanciones, mientras que Lula insiste en denunciar la injerencia en los asuntos internos de Brasil. El resultado de la próxima conversación entre ambos será clave para medir si el acercamiento trasciende el protocolo o queda en un gesto simbólico.
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