El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba rechazó «en los términos más enérgicos» la expulsión de diplomáticos cubanos decidida por el gobierno de República Dominicana, que ordenó la salida de 10 funcionarios de la embajada cubana en Santo Domingo, junto a sus familiares.
La Cancillería cubana argumentó que la medida dominicana no tiene justificación diplomática y apunta directamente a una presión externa: «No hay otra explicación para esta acción que no sea el sometimiento del gobierno de República Dominicana a las presiones del gobierno estadounidense, que, en su empeño de aislar a Cuba, se ha propuesto dañar nuestras relaciones diplomáticas con los países de la región», señaló el organismo en un comunicado oficial. La decisión tensiona los vínculos bilaterales entre dos países que comparten flujos migratorios, lazos culturales y relaciones históricas de larga data.
La postura de Cuba
La Cancillería de La Habana negó cualquier irregularidad de su personal: «Los diplomáticos cubanos han actuado siempre en estricto apego a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 y con absoluto respeto a las leyes de esa hermana nación», indicó el comunicado.
El ministerio encuadró el episodio en un patrón más amplio de alineación dominicana con Washington. Como antecedentes, citó la exclusión de Cuba de la X Cumbre de las Américas —cuya celebración fue postergada— y el cambio de voto de República Dominicana en la Asamblea General de la ONU sobre la resolución contra el bloqueo a Cuba. «No es primera vez que el gobierno dominicano se alinea a la política hostil y la escalada agresiva de los Estados Unidos contra nuestro país», afirmó la entidad cubana.
Pese a la dureza del tono diplomático, Cuba distinguió entre gobiernos y pueblos: «Las autoridades dominicanas lesionan sensiblemente los vínculos entre los dos gobiernos, pero no podrán lacerar los profundos e históricos nexos existentes entre los pueblos cubano y dominicano, cimentados desde las luchas de ambos países por la independencia hasta nuestros días», concluyó el comunicado. La isla cerró su posición con una declaración de principios: «Nuestros pueblos comparten lazos culturales, económicos y de solidaridad, a los cuales no renunciaremos».
La respuesta dominicana
El Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana (Mirex) defendió la decisión con un lenguaje estrictamente jurídico. Indicó que la medida «se inscribe en las facultades que el derecho internacional reconoce al Estado receptor y en las disposiciones pertinentes de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, de la cual República Dominicana es Estado parte». El gobierno dominicano no ofreció razones concretas para la expulsión.
El Mirex añadió que el país «seguirá conduciendo este asunto con la debida discreción y por los canales diplomáticos establecidos, en interés de preservar las relaciones entre ambos países», y descartó brindar detalles adicionales al tratarse de «comunicaciones diplomáticas». La hermeticidad oficial contrasta con la apertura del comunicado cubano, que sí detalló su lectura política del incidente.
La evolución de las relaciones bilaterales entre Santo Domingo y La Habana, y cualquier eventual respuesta cubana de reciprocidad diplomática, serán los elementos a seguir en los próximos días.








