DIARIO FINANCIERO.- Las calles de Santo Domingo no volverán a ser las mismas tras las medidas anunciadas por el gobierno para tratar de descongestionar el caos vehicular que se vive a diario en la capital dominicana.
No es un secreto que transitar por Santo Domingo requiere de una planificación casi científica para intentar llegar a tiempo a cualquier destino. Quizás los lectores de otras ciudades como Ciudad de México, São Paulo, Nueva York o Madrid dirán que esto también les resulta familiar. Sin embargo, en nuestra ciudad hay algo particular: puedes tardar hasta 45 minutos en recorrer apenas 2 o 3 kilómetros. Sí, 45 minutos para una distancia que podrías cubrir caminando.
Frente a este panorama, el gobierno ha lanzado una ofensiva con el objetivo de mitigar el impacto del tránsito. Aplaudimos la iniciativa: alguien tenía que comenzar. Habrá que acostumbrarse o buscar rutas alternas. Esperemos que no se eche atrás, como ha ocurrido con otras medidas bien intencionadas. La capital ya no soporta más caos.
No obstante, llama la atención que entre todas las medidas anunciadas no se mencione a los motoristas ni a los peatones. ¿Y qué tienen que ver ellos con el caos? Mucho más de lo que solemos admitir, y aquí algunos puntos clave:
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Uno de los problemas cotidianos es el transporte público informal. Vas circulando por tu carril cuando, de repente, un pasajero le dice al chofer del concho que se baja “en la esquina”. El conductor frena bruscamente, sin importar el tráfico, lo que genera un tapón y eleva el riesgo de accidentes.
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Los peatones, por su parte, evitan los pasos de cebra y cruzan donde quieren, a cualquier hora, sin importar si es de noche, si está lloviendo o si hay poca visibilidad. Si un vehículo los impacta, toda la culpa recae sobre el conductor, aunque el peatón haya cruzado imprudentemente. Aquí urge no solo educación vial, sino más pasos peatonales elevados, especialmente en vías como la 27 de Febrero, que apenas tiene tres o cuatro.
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Y los motoristas… viven como si tuvieran una legislación paralela. Se cruzan los semáforos en rojo, circulan en vía contraria, improvisan paradas en las esquinas, y rara vez respetan una ley de tránsito. Es común que los conductores de vehículos tengan que esquivarlos para evitar un accidente, como si los motoristas salieran a las calles con la misión de autodestruirse.
Las medidas implementadas por el gobierno van en la dirección correcta, pero el problema del tránsito en Santo Domingo va mucho más allá de los carros. Debe establecerse un régimen de consecuencias real y aplicable para todos los actores del tránsito, incluidos motoristas y peatones. De lo contrario, la anarquía urbana seguirá gobernando nuestras calles, sin importar cuántas avenidas se rediseñen o cuántos giros a la izquierda se eliminen.
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