Un 6 de diciembre de 2010, miles de dominicanos salieron a las calles vestidos de amarillo exigiendo el cumplimiento de la Ley General de Educación: el 4% del PIB para el sector educativo. Quince años después, el compromiso se mantiene en cifras, pero los resultados plantean otra historia. Aunque el presupuesto del Ministerio de Educación para 2025 asciende a RD$309,832 millones, los avances en calidad continúan rezagados.
El presupuesto de Educación aprobado para 2025 en la República Dominicana representa el 4.1% del Producto Interno Bruto (PIB), cumpliendo con lo establecido en la ley. Sin embargo, más de la mitad de estos recursos —RD$169,315 millones, un 2.27% del PIB— se destinan a salarios y remuneraciones, lo que abre un debate sobre la eficiencia del gasto público.
Una mirada detallada a la distribución presupuestaria revela que, tras los salarios, los siguientes rubros son transferencias corrientes (RD$25,445 millones), gastos operativos (RD$32,102 millones) y otras unidades ejecutoras como INFOTEP y el INABIE, que manejan RD$83,035 millones. Esto deja en evidencia que el gasto en inversión física, formación docente y mejora curricular sigue siendo un tema a mejorar.
A primera vista, esta asignación podría parecer una apuesta por fortalecer la dignificación docente. Sin embargo, los resultados académicos del país no respaldan esa esperanza. En la prueba PISA, República Dominicana no participó en 2010, pero desde su debut en 2015 ha ocupado posiciones de cola:
| Año | Posición Global (de países) | Matemáticas | Lectura | Ciencias |
|---|---|---|---|---|
| 2015 | 72 de 72 | 72 | 72 | 72 |
| 2018 | 78 de 79 | 78 | 76 | 78 |
| 2022 | 79 de 81 | 80 | 79 | 78 |
Estos datos reflejan una mínima o nula mejora en el rendimiento estudiantil, a pesar del significativo aumento presupuestario en los últimos años. El problema no es solo de dinero, sino de cómo se invierte.
Además, la carga de salarios consume recursos que podrían destinarse a infraestructura, tecnología, capacitación y mejora del entorno escolar, elementos clave para transformar la experiencia educativa.
Por tanto, el país enfrenta una encrucijada: continuar aumentando el gasto corriente sin resultados tangibles o rediseñar el modelo de inversión educativa para enfocarse en calidad y retorno social.
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