Washington, D.C. – La tensión entre la Casa Blanca y la Reserva Federal alcanzó un nuevo punto crítico este martes, cuando el presidente Donald J. Trump, en su segundo mandato, acusó públicamente al presidente de la Fed, Jerome Powell, de mala gestión financiera, durante una visita a las obras de renovación de la sede del banco central.
Trump afirmó ante los medios que la remodelación había costado 3.100 millones de dólares, cifra que utilizó para señalar una supuesta mala administración y justificar su renovada exigencia de bajar las tasas de interés. “Es inadmisible que en este país se despilfarren miles de millones mientras las tasas ahogan al ciudadano común”, declaró el mandatario.
Powell, firme y directo, desmintió de inmediato la cifra, explicando que el monto citado por Trump incluye un edificio terminado hace cinco años y que el costo real del proyecto en curso es de 2.500 millones de dólares, cifra documentada públicamente por la institución.
Este enfrentamiento es el más reciente en una serie de choques entre Trump y Powell, que desde el primer mandato del presidente ha sido blanco constante de críticas por mantener políticas monetarias que, según el mandatario, “frenan el crecimiento económico innecesariamente”.
Powell defendió la gestión de la Fed, explicando que los costos de la remodelación se han justificado por ajustes técnicos, inflación acumulada y condiciones estructurales específicas. “Tomamos decisiones basadas en datos económicos, no en consideraciones políticas”, insistió Powell, subrayando la independencia del banco central.
La confrontación ocurre en un clima político tenso, donde la independencia de la Reserva Federal se ha vuelto una preocupación para analistas, inversores y observadores internacionales. Trump, por su parte, ha intensificado su presión sobre la Fed para forzar un recorte de tasas, alegando que la economía estadounidense puede beneficiarse de una política monetaria más expansiva.
Desde 2022, la Fed adoptó una postura restrictiva para controlar la inflación, elevando las tasas progresivamente. Aunque este enfoque permitió que la inflación regresara al rango meta, también ha limitado el acceso al crédito. Trump considera que la coyuntura actual —con inflación controlada y crecimiento desacelerado— exige una reducción inmediata de los tipos.
Los mercados financieros reaccionaron con cautela al enfrentamiento, evaluando posibles escenarios de tensión institucional. Algunos analistas temen que la presión presidencial pueda traducirse en una erosión de la credibilidad del banco central.
Powell cerró el episodio reafirmando el compromiso de la Fed con su mandato: “Nuestro deber es garantizar la estabilidad de precios y el pleno empleo. No servimos a partidos, servimos a la economía del país”.
Este nuevo choque refuerza el dilema que enfrenta la política monetaria en tiempos de alta polarización: entre la necesidad de decisiones técnicas y la presión de un liderazgo con claras prioridades política
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