La Paz, Bolivia. – Bolivia vive un giro político trascendental tras las elecciones generales celebradas el 17 de agosto. Por primera vez en dos décadas, los comicios dejaron en evidencia la pérdida de hegemonía de la izquierda, con la derecha y la centroderecha asegurando su pase a una segunda vuelta presidencial.
Los resultados confirmaron que ningún candidato alcanzó el 50% necesario para una victoria en primera vuelta. De esta forma, los electores deberán regresar a las urnas el próximo 19 de octubre, cuando se enfrentarán dos figuras históricamente alejadas del populismo masista: Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga, de la Alianza Libre.
En los cómputos preliminares, Paz Pereira se consolidó como el candidato más votado con cerca del 32% de los votos válidos, seguido por Quiroga con un 27%. La diferencia entre ambos refleja una Bolivia dividida en torno a liderazgos de derecha y centroderecha, en un escenario inédito para el país.
El gran derrotado de la jornada fue el Movimiento al Socialismo (MAS), que durante dos décadas marcó el rumbo político nacional bajo la figura de Evo Morales. Con apenas 3% de respaldo, el MAS cayó al sexto lugar, confirmando una de las derrotas más significativas de la izquierda en América Latina en los últimos años. La caída del partido evidenció fracturas internas y pérdida de apoyo popular, en contraste con su pasado como fuerza dominante.
Este vuelco electoral plantea implicaciones no solo políticas, sino también económicas y sociales. La posibilidad de un gobierno de derecha o centroderecha abre un nuevo panorama para las relaciones internacionales de Bolivia, especialmente con Estados Unidos, la Unión Europea y organismos multilaterales, que históricamente han mostrado mayor cercanía con gobiernos moderados. Asimismo, se anticipan cambios en políticas energéticas y extractivas, clave para un país cuyo crecimiento depende de los ingresos provenientes del gas natural y los minerales.
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El 19 de octubre, los bolivianos definirán entre dos modelos distintos de gestión. Paz Pereira, con un perfil más moderado y ligado a la centroderecha, busca proyectar un discurso de unidad nacional y apertura internacional. Por su parte, Quiroga apela a la experiencia de su paso previo por la presidencia, con un tono más conservador y enfocado en reformas de corte institucional.
El desenlace de la segunda vuelta marcará un punto de inflexión en la historia política del país, abriendo la posibilidad de un nuevo ciclo político sin predominio de la izquierda, algo que no ocurría desde principios de los años 2000.
En conclusión, las elecciones generales de 2025 en Bolivia sellaron el avance de la derecha, dejando atrás la etapa de supremacía del MAS y abriendo paso a un escenario inédito en la política boliviana.
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