DIARIO FINANCIERO.- Masoud Pol-Meh, secretario general de la Asociación de Transporte Marítimo y Servicios Relacionados de Irán, confirmó el domingo que todos los puertos árabes en el sur del Golfo Pérsico han cesado completamente sus operaciones. La salida diaria de buques por el Estrecho de Ormuz colapsó de un promedio prebélico de 110 barcos a cero —una paralización sin precedentes en la historia del comercio energético global que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya catalogó como la peor crisis de suministro petrolero de todos los tiempos.
Una Guerra De Bloqueos
La escalada comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron una campaña aérea conjunta contra Irán. En respuesta, Teherán cerró de inmediato el Estrecho de Ormuz al tráfico comercial: el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica emitió una advertencia explícita de que ningún buque podría transitarlo sin consecuencias.
La respuesta de Washington fue escalar en lugar de ceder. El 13 de abril, el Comando Central de EE.UU. impuso un bloqueo naval sobre los puertos iraníes, creando lo que analistas denominan un «doble bloqueo»: Irán obstruye el paso hacia el exterior; Estados Unidos obstruye el acceso a los puertos iraníes. El resultado es una arteria energética completamente congelada.
Un reporte del Comando Central de EE.UU. del 8 de mayo cuantificó el daño operativo: 57 buques comerciales desviados, 4 inutilizados, y más de 70 tanqueros bloqueados de entrar o salir de puertos iraníes. En paralelo, Irán creó la Persian Gulf Strait Authority, un organismo que pretende inspeccionar y cobrar peajes a los buques en tránsito por el estrecho —una medida que expertos en derecho marítimo señalan como violatoria de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
Aperturas Breves Y Reversiones
Durante un alto al fuego a mediados de abril, Irán declaró brevemente abierta la vía marítima. La apertura duró menos de veinticuatro horas: al confirmar Estados Unidos que no levantaría su bloqueo naval, Teherán revirtió la medida de inmediato.
El 4 de mayo, el presidente Donald Trump anunció la operación denominada «Project Freedom», diseñada para escoltar buques comerciales fuera del Golfo Pérsico bajo protección militar estadounidense. Menos de 48 horas después, la iniciativa quedó suspendida tras un ataque de fuerzas iraníes a embarcaciones participantes, incluido un buque portacontenedores de CMA CGM.
Según Reuters, el 11 de mayo tres petroleros lograron salir del estrecho con sistemas de rastreo apagados para evadir la detección iraní, transportando crudo iraquí y emiratí. Sin embargo, los analistas advierten que estos tránsitos encubiertos son la excepción, no la norma, y no representan una solución estructural al bloqueo.
Impacto Económico Global
El Estrecho de Ormuz concentraba aproximadamente el 20% del petróleo y gas natural licuado que se comercializa globalmente. Su cierre efectivo ha cortado los envíos de crudo, gas natural y derivados desde los principales productores árabes del Golfo Pérsico. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos han recurrido a rutas de oleoductos alternativos —vías de bypass— que, sin embargo, no tienen la capacidad para compensar los volúmenes que anteriormente transitaban por el estrecho.
Las consecuencias humanitarias son igualmente graves: más de 1,500 buques comerciales permanecen varados en la región, con aproximadamente 20,000 marineros inmovilizados a bordo.
«Esta es la mayor interrupción de suministro de petróleo de la historia, superando incluso las crisis del petróleo de los años 1970.» — Agencia Internacional de la Energía (AIE)
«La respuesta diplomática iraní es totalmente inaceptable.» — Presidente Donald Trump, domingo 11 de mayo
Implicaciones Para Los Mercados
Los precios del petróleo se dispararon tras las declaraciones de Trump y ante la ausencia de señales creíbles de resolución diplomática. La crisis en el Estrecho de Ormuz no es solo un conflicto geopolítico regional: es un choque de oferta con consecuencias directas en los mercados energéticos globales. Para economías importadoras netas de hidrocarburos como República Dominicana, el impacto se traduce en presión alcista sobre los precios de los combustibles, mayor volatilidad en las tarifas eléctricas y un deterioro del balance comercial en la medida en que las importaciones energéticas se encarecen. Sin una resolución negociada —que por ahora ninguna de las partes parece dispuesta a alcanzar—, el shock de oferta podría prolongarse semanas o meses adicionales, con efectos acumulativos sobre la inflación importada y los costos logísticos globales.







