El precio del oro subió 0.3% el lunes hasta US$4,354.51 por onza en el mercado al contado, manteniéndose cerca de los máximos de siete semanas registrados en la sesión anterior, mientras los inversionistas procesan un mercado laboral estadounidense más débil de lo previsto y una escalada de tensiones en el Estrecho de Ormuz.
El metal precioso no genera intereses, por lo que un entorno de tasas más bajas reduce el costo de oportunidad de mantenerlo como activo: si la Reserva Federal (Fed) se ve forzada a relajar su postura monetaria, el oro se vuelve comparativamente más atractivo frente a bonos y depósitos. Esa lógica está ganando peso entre los operadores.
Mercado laboral debilita expectativas de alza de tasas
El repunte arrancó el viernes pasado, cuando los datos laborales revelaron que la economía estadounidense perdió empleos inesperadamente en julio, y las cifras de creación de empleo de meses anteriores fueron revisadas considerablemente a la baja. El deterioro fue suficiente para que el precio del oro alcanzara su nivel más alto desde el 17 de junio.
La lectura débil reconfiguró las expectativas del mercado sobre la próxima reunión de la Fed, programada para el 15 y 16 de septiembre. Los mercados de futuros asignan ahora una probabilidad inferior al 50% a un incremento de tasas en esa cita, frente a una probabilidad superior al 50% que se descontaba antes de conocerse el reporte laboral, según los datos del mercado de derivados.
Los futuros del oro en Estados Unidos también avanzaron 0.3%, hasta US$4,414.40, en línea con el movimiento del mercado al contado.
Irán y el Estrecho de Ormuz, foco geopolítico
La incertidumbre sobre el Estrecho de Ormuz suma un segundo frente de soporte para el precio del oro. Irán indicó que está cerca de cerrar un acuerdo con Omán para establecer nuevas rutas marítimas a través de la estratégica vía, aunque Teherán sostiene que Washington aún debe cumplir varias condiciones antes de que pueda reabrirse completamente. El Estrecho de Ormuz es el corredor por el que transita una parte significativa del petróleo mundial, por lo que cualquier interrupción afecta directamente los mercados de energía.
Las tensiones geopolíticas suelen elevar la demanda del oro por su condición de activo refugio —es decir, un depósito de valor al que los inversionistas acuden cuando aumenta la aversión al riesgo. Sin embargo, el repunte que está experimentando el precio del petróleo como consecuencia de las mismas tensiones introduce una complicación: podría generar presiones inflacionarias adicionales que reduzcan el margen de la Fed para adoptar una política monetaria más laxa, lo que a su vez limitaría uno de los principales motores del alza del oro.
Inflación en EE.UU., la próxima señal clave
El foco del mercado se traslada ahora a los datos de precios al consumidor de Estados Unidos, que se publicarán el miércoles, seguidos por los precios al productor el jueves. Lecturas de inflación más moderadas reforzarían la expectativa de que la Fed tiene margen para mantener —o incluso reducir— su tasa de referencia, lo que apuntalaría aún más al metal precioso.
El siguiente test para el precio del oro será, en consecuencia, doble: si la inflación resulta más baja de lo esperado y la retórica de la Fed se suaviza, el impulso alcista podría extenderse; si los datos sorprenden al alza, la narrativa de tasas más altas por más tiempo volvería a frenar el avance del metal.








