Los precios de importación de Estados Unidos subieron 1.1% en septiembre frente a una previsión del mercado de 0.8%, elevando la variación anual a 8.1%, su mayor avance interanual desde julio de 2022, cuando el índice registró 8.8%, según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS).
El alza supone que los costos de los bienes que ingresan a la economía estadounidense siguen escalando, un movimiento que históricamente se traslada a los precios finales que pagan consumidores y empresas. Para República Dominicana y el resto de América Latina, una inflación importada más persistente en EE.UU. encarece los insumos, presiona los tipos de cambio regionales y reduce las probabilidades de que la Reserva Federal (Fed) recorte tasas en el corto plazo, lo que mantiene elevado el costo del financiamiento externo.
Combustibles, el principal detonante
El combustible importado fue el mayor impulsor del incremento mensual: subió 4.8% en septiembre, tras caer 0.2% en agosto. Dentro de esa categoría, el petróleo y sus derivados avanzaron 4.6% y el gas natural importado creció 1.6%. En términos anuales, el combustible importado acumula un salto de 34.5%, una cifra que repercute de forma directa en transporte, electricidad, alimentos, manufactura y logística.
El informe llegó un día después de que el índice de precios al productor (PPI) registrara su mayor avance en cuatro años y medio, impulsado en parte por un alza de 20.3% en el precio de la gasolina. Juntos, ambos indicadores apuntan a que la inflación está ganando fuerza en la etapa productiva antes de llegar plenamente al consumidor.
Presión más allá de la energía
La inflación importada no se limita al sector energético. Las importaciones sin combustible subieron 0.7% mensual en septiembre y no registran una caída mensual desde agosto de 2025. Los precios subyacentes de importación, excluyendo combustibles, avanzaron 6.2% interanual, señal de que el encarecimiento se está generalizando hacia bienes de consumo, capital y productos industriales.
El dato de agosto, que originalmente se estimó más alto, fue revisado a la baja hasta 0.5% mensual, lo que añade contexto al salto registrado en septiembre. En términos interanuales, agosto había cerrado en 6.7%, cifra que ya quedó ampliamente superada.
Los precios de exportación también escalaron: subieron 2.2% mensual en septiembre, un indicador adicional de que la presión de costos se extiende por toda la cadena productiva estadounidense.
El peso del conflicto en Medio Oriente y los aranceles
El aumento de los precios de importación coincide con la persistencia del conflicto en Medio Oriente, que ha presionado los precios energéticos y encarecido el transporte y los insumos. Sin embargo, el alza de los bienes no energéticos sugiere que hay otros factores en juego, entre ellos los aranceles comerciales, que pueden amplificar el efecto al encarecer aún más los insumos para los productores estadounidenses.
El dato complica el panorama para la Reserva Federal. Si los costos de importación continúan subiendo, las empresas tienen margen para trasladarlos a los precios finales, lo que alimentaría la inflación de consumo y reduciría el espacio para flexibilizar la política monetaria. Para las economías de la región que tienen deuda o financiamiento atado a tasas estadounidenses, una Fed que posterga sus recortes implica un entorno de crédito externo más caro por más tiempo.









