El 80% de las personas en México redujo al menos un gasto en alimentos o evitó atención médica durante el último año para poder pagar su vivienda, una proporción que supera el promedio global de 75%, según el Informe Global de Investigación sobre Vivienda 2026 de Hábitat para la Humanidad Internacional (HPHI), presentado este lunes 6 de octubre con motivo del Día Mundial del Hábitat.
El dato sitúa a México por encima de la media de los 22 países analizados en el informe, que recogió las respuestas de 30,758 personas en todo el mundo. Que ocho de cada 10 hogares mexicanos sacrifiquen alimentación o salud para sostener su vivienda revela una tensión financiera que golpea el consumo, el bienestar y la capacidad de ahorro de las familias, con implicaciones directas para la demanda interna y el sistema de salud.
Estrés financiero y fragilidad ante imprevistos
Lacmi Rodríguez, directora ejecutiva nacional de Hábitat para la Humanidad México (HPHM), advirtió que esta brecha «es preocupante porque sugiere que la inseguridad habitacional en México comienza mucho antes de que una familia pierda su casa o se vea obligada a dejarla».
El informe también expone la fragilidad de los equilibrios que sostienen esos hogares: el 56% de los encuestados en México teme que un solo imprevisto pueda poner en riesgo su capacidad de conservar su hogar, frente al 48% del promedio global. Al mismo tiempo, el 36% ha recurrido a sus ahorros o fondos de emergencia para afrontar los gastos de vivienda, y el 34% ha asumido un trabajo adicional, lo que indica, según Rodríguez, que muchos hogares «mantienen la estabilidad habitacional agotando sus reservas financieras».
Pese a ese contexto, el 81% de los encuestados en México espera que su situación de vivienda mejore en los próximos tres años.
Autoproducción y calidad de las viviendas
Luis Armenta, director de operaciones de HPHM, destacó que el 57.3% de las viviendas en México son de autoproducción, es decir, construidas por las propias familias «frecuentemente sin asistencia técnica ni financiamiento formal» y que tardan alrededor de 20 años en consolidarse. Esa proporción equivale a prácticamente seis de cada 10 unidades habitacionales en el país.
Aunque el estrés general relacionado con la vivienda, que el informe mide a partir de variables como seguridad, calidad, ubicación, acceso a servicios y régimen de tenencia, es inferior en México al promedio global (25% frente a 35%), la calidad sigue siendo un problema extendido: el 37% de los mexicanos reporta condiciones de humedad, moho u otras situaciones insalubres en sus hogares, más del doble del 23% registrado a nivel mundial.
Cambio climático como riesgo habitacional creciente
Armenta también señaló que el cambio climático agrava la vulnerabilidad habitacional. A nivel global, el 18% de las personas afirma que su hogar no las protege de fenómenos meteorológicos extremos como calor, frío o inundaciones. En México, el 33% espera que esos eventos hagan más difícil vivir donde se encuentran durante los próximos tres años, por encima del 30% global, lo que, según Armenta, «habla de la vulnerabilidad específica de nuestro territorio».
El informe concluye que la vivienda influye directamente en la calidad de vida, la salud, la estabilidad financiera y las oportunidades de futuro, y que el verdadero costo de mantenerla va mucho más allá del alquiler o la hipoteca mensual. Los resultados del estudio son relevantes para América Latina en general: países como Argentina, Brasil, Guatemala, Costa de Marfil y Trinidad y Tobago también formaron parte de la muestra, lo que permite trazar comparaciones regionales sobre el peso que la vivienda impone en los presupuestos familiares. El próximo paso para organizaciones como HPHI será traducir estos hallazgos en políticas públicas y esquemas de financiamiento accesible que reduzcan el sacrificio que millones de familias hacen hoy para conservar un techo.









