Estados Unidos.- Con la promesa de hacer más asequible la compra de vehículos, el presidente Donald Trump firmó una reforma tributaria que permite deducir hasta $10,000 anuales en intereses de préstamos para autos nuevos fabricados en Estados Unidos. La medida, incluida en el paquete “Un Gran y Hermoso Proyecto de Ley”, busca estimular la industria automotriz nacional y tendrá vigencia hasta 2028.
El 4 de julio, el presidente Donald Trump promulgó una reforma fiscal que incluye una nueva deducción de hasta $10,000 anuales en pagos de intereses de préstamos automotrices para vehículos nuevos, ensamblados en territorio estadounidense. Esta disposición representa un incentivo directo al consumo que podría beneficiar a alrededor de 3.5 millones de compradores anuales, según estimaciones de Cox Automotive.
La medida se aplicará a autos, SUV, camionetas pickup, motocicletas y otros vehículos ligeros con un peso inferior a 14,000 libras, siempre que hayan sido ensamblados finalmente en EE. UU. y sean de uso personal. No se requiere detallar deducciones en la declaración de impuestos para acceder al beneficio, una diferencia clave respecto a las deducciones hipotecarias.
No obstante, la deducción tiene restricciones importantes. Solo aplica a vehículos nuevos, excluye los de uso comercial, y se elimina gradualmente para quienes ganan entre $100,000 y $150,000 (individuos) o entre $200,000 y $250,000 (declarantes conjuntos), dejando fuera a quienes superan esos ingresos.
Según cifras del sector, 15.9 millones de vehículos ligeros nuevos se vendieron el año pasado en EE. UU., pero poco más de la mitad fueron fabricados localmente. Tras ajustar por ingresos y usos comerciales, la medida podría tener un alcance limitado, aunque no despreciable, para los compradores de clase media.
Los vehículos Tesla califican completamente, dado que su producción es 100% nacional. Sin embargo, algunos modelos de Honda, Toyota y Nissan podrían quedar fuera. Incluso dentro de los fabricantes estadounidenses existen discrepancias: por ejemplo, el Ford Mustang califica, pero no así el Mustang Mach-E, ensamblado en México.
La industria ha reaccionado con opiniones mixtas. Para los concesionarios, la medida representa una oportunidad comercial. Paul Ray, gerente general de Bowen Scarff Ford en Washington, afirmó que este incentivo “podría ayudar a impulsar las ventas durante este año”. La presidenta de la Asociación Estadounidense de Servicios Financieros, Celia Winslow, destacó que la deducción “puede inclinar la balanza” para consumidores indecisos.
En contraste, Jonathan Smoke, economista jefe de Cox Automotive, mostró escepticismo. Considerando que el comprador promedio paga $2,000 en intereses al año, el ahorro tributario sería de solo $400, una cifra que podría no ser suficiente para modificar decisiones de compra a gran escala.
Desde el punto de vista fiscal, esta medida se inscribe en una tendencia de incentivos orientados a sectores estratégicos, como vivienda y transporte. También se alinea con la retórica de Trump de priorizar el “Hecho en EE. UU.”, ofreciendo ventajas fiscales a productos nacionales en detrimento de los importados, una política que podría generar fricción con socios comerciales.
Para los pequeños inversionistas y fabricantes locales, la deducción crea una ventana de oportunidad para aumentar la competitividad del producto local. Sin embargo, también impone nuevos desafíos a marcas extranjeras que operan parcialmente en EE. UU., obligándolas a revisar sus cadenas de ensamblaje.
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