Los mercados de materias primas cerraron el tercer trimestre de 2025 con una fuerte escalada en los precios del ganado bovino, la soya y el café, reflejo de un escenario global marcado por tensiones de oferta, factores climáticos adversos y decisiones políticas que alteran los flujos comerciales internacionales.
El repunte de estos productos clave confirma la presión estructural sobre el sistema agroalimentario global, en un entorno de inventarios ajustados, costos de producción elevados y restricciones sanitarias que dificultan el equilibrio entre oferta y demanda.
Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la matanza semanal de ganado cayó a sus niveles más bajos desde 2015, lo que ha reducido drásticamente la disponibilidad de carne roja en el país. Este freno productivo, sumado a la suspensión de importaciones desde México por la detección del gusano barrenador, ha impulsado los precios de la carne vacuna a máximos históricos.
Ganado bovino: escasez y precios récord
El precio del ganado bovino se disparó 37,26% al cierre del trimestre, alcanzando un promedio de US$243,14 por cada 100 libras, lo que representa un incremento interanual cercano a US$54.
El USDA revisó al alza sus proyecciones para la segunda mitad de 2025, anticipando que la producción anual de carne vacuna caerá en 100 millones de libras respecto al año anterior.
La prolongación del engorde de los animales, impulsada por la falta de bovinos mexicanos, está provocando una recomposición de la cadena cárnica estadounidense. A pesar de la escalada, los consumidores mantienen una demanda resiliente, sosteniendo la firmeza de los futuros en la Bolsa de Chicago.
Karl Setzer, analista de Consus Ag Consulting, explicó que “las reservas de carne de res y cerdo se encuentran en mínimos de varios años, lo que respalda los precios futuros ante una oferta insuficiente”.
Aceite de soya: inventarios globales ajustados
El aceite de soya acumuló un incremento de 22,85% al cierre del trimestre, impulsado por la baja disponibilidad del grano y la firme demanda de las industrias alimentaria y energética.
De acuerdo con JPMorgan, la relación stock/consumo de soya en EE.UU. caerá a 6,9% en 2026, frente al 7,5% del año anterior, lo que limita la capacidad de respuesta frente a posibles shocks de oferta.

El USDA estima que la producción estadounidense para el ciclo 2025/26 se ubicará en 4.300 millones de bushels, apenas ocho millones más que el mes previo, mientras que las menores cosechas en India, la Unión Europea y Serbia restan medio millón de toneladas al balance global.
En contraste, el mercado de aceites sustitutos muestra mayor holgura, con una expansión de 1,4 millones de toneladas métricas de colza, principalmente por el aumento de la producción en Canadá y Australia.
Café: aranceles y reconfiguración del mercado
El café se apreció 17,23% en el tercer trimestre, impulsado por las tarifas del 50% impuestas por el gobierno de Donald Trump a las importaciones de café verde y soluble desde Brasil, el mayor productor mundial.

Este arancel ha reducido las exportaciones brasileñas a Estados Unidos en 60% durante agosto, según la Asociación Brasileña de la Industria de Café Soluble.
Rabobank señaló que “los exportadores continúan enfrentando desafíos por los impactos climáticos y la tarifa del 50% de EE.UU.”, mientras Colombia y Vietnam ocupan el espacio dejado por Brasil, fortaleciendo su posición en el mercado norteamericano.
La consecuencia inmediata es una reconfiguración de los flujos comerciales internacionales, con efectos que podrían extenderse sobre las cotizaciones de los cafés diferenciados y los contratos de futuros en Nueva York.
Panorama global y perspectivas
El trimestre confirma que los factores productivos, sanitarios y políticos continúan determinando el comportamiento de las materias primas. La caída en los inventarios globales de soya, las restricciones en la carne vacuna y la política arancelaria estadounidense son señales de un mercado cada vez más sensible a choques externos.
Analistas anticipan que la volatilidad persistirá en los próximos meses, con precios sostenidos mientras no se restablezca el equilibrio entre oferta y demanda global. En este contexto, las materias primas vuelven a posicionarse como un indicador clave del estrés económico y geopolítico mundial.
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