DIARIO FINANCIERO.- Hace apenas tres años, la inteligencia artificial generativa era vista como una tecnología experimental dentro de los laboratorios de Silicon Valley. Hoy, ese escenario ha cambiado radicalmente. OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, ya supera los US$25,000 millones en ingresos anualizados, una cifra que refleja la velocidad con la que el mercado global está adoptando soluciones de IA.
Según un reporte citado por The Information, OpenAI alcanzó US$25,000 millones en ingresos anualizados a finales de febrero, lo que representa un incremento de 17% respecto a los US$21,400 millones registrados al cierre de 2025.
Aunque la cifra no ha sido confirmada oficialmente por la empresa, el salto ilustra la velocidad con la que el modelo de negocio de la inteligencia artificial generativa se está expandiendo.
El crecimiento ha sido especialmente notable en los últimos dos años. En 2024, los ingresos anualizados rondaban los US$6,000 millones, mientras que en 2025 ya habían superado los US$20,000 millones, según datos divulgados por la directora financiera de OpenAI, Sarah Friar.
Detrás de esta expansión se encuentra una fuerte inversión en infraestructura computacional. La capacidad de cómputo de la empresa pasó de 0.6 gigavatios en 2024 a 1.9 gigavatios en 2025, lo que permitió entrenar modelos más avanzados y atender una creciente demanda empresarial.
Desde finales de 2022, OpenAI pasó de generar ingresos prácticamente nulos a convertirse en una de las compañías tecnológicas de mayor crecimiento en la historia reciente.
La batalla por el mercado empresarial de la IA
El crecimiento de OpenAI está impulsado en gran medida por su estrategia de expansión en el mercado corporativo.
A finales de febrero, la empresa anunció el lanzamiento de Frontier Alliances, un programa diseñado para trabajar directamente con grandes consultoras como BCG, McKinsey, Accenture y Capgemini. El objetivo es ayudar a las empresas a pasar de pruebas piloto con inteligencia artificial a implementaciones a gran escala.
Según Denise Dresser, directora de ingresos de OpenAI, el desafío ya no es únicamente tecnológico.
Las empresas, explicó, necesitan acompañamiento para integrar la inteligencia artificial en sus operaciones y convertirla en una herramienta productiva.
Sin embargo, la competencia en este mercado se está intensificando rápidamente.
Anthropic, uno de los principales rivales de OpenAI, ya genera cerca de US$9,000 millones en ingresos anualizados y también ha establecido alianzas estratégicas con consultoras globales como Accenture y Deloitte.
Al mismo tiempo, gigantes tecnológicos como Google y Microsoft están incorporando capacidades de inteligencia artificial directamente en sus plataformas empresariales, ampliando la presión competitiva.
El camino hacia una posible salida a bolsa
El rápido crecimiento de OpenAI forma parte de una estrategia más ambiciosa de expansión a largo plazo.
La compañía proyecta invertir aproximadamente US$600,000 millones en infraestructura computacional hasta 2030, en un esfuerzo por sostener el desarrollo de modelos de inteligencia artificial cada vez más avanzados.
En paralelo, sus estimaciones internas apuntan a ingresos superiores a US$280,000 millones para finales de la década, lo que la posicionaría entre las empresas tecnológicas más grandes del mundo.
Ese crecimiento también prepara el terreno para una eventual oferta pública inicial (IPO), que podría valorar a la empresa en hasta US$1 billón.
No obstante, el camino hacia la rentabilidad aún es incierto. Proyecciones internas citadas en reportes indican que OpenAI podría registrar pérdidas de hasta US$14,000 millones en 2026, y no se espera que genere flujo de caja positivo antes de 2030.
Lo que implica para la economía digital
El ascenso de OpenAI ilustra un cambio estructural en la economía tecnológica global. La inteligencia artificial ya no es solo un experimento de laboratorio, sino una industria multimillonaria que está transformando sectores completos.
Para empresas, inversionistas y gobiernos, el desafío ahora no es si la IA cambiará la economía, sino quién liderará esa transformación y cómo se distribuirá el valor generado por esta nueva revolución tecnológica
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