República Dominicana firmó dos memorandos de entendimiento, en agosto y octubre de 2026, para insertarse en la industria de semiconductores global como plataforma de ensamblaje, pruebas y encapsulado, en lo que el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) describe como la Estrategia Nacional de Fomento a la Industria de Semiconductores (ENFIS).
El país no busca fabricar chips de última generación, una actividad que requiere inversiones de miles de millones de dólares y tecnología de frontera reservada para gigantes como TSMC, Intel o Samsung. En cambio, la apuesta oficial se concentra en el segmento ATP (ensamblaje, pruebas y encapsulado), manufactura de componentes pasivos y discretos, ensamblaje de placas de circuitos impresos, servicios logísticos y formación de talento. Para una economía que ya exporta más de US$8,600 millones anuales desde sus zonas francas, la estrategia representa un salto cualitativo, no un quiebre de modelo.
Dos alianzas para anclar la estrategia
En agosto de 2026, el MICM firmó un memorando con la Arizona Commerce Authority para desarrollar capacidades vinculadas a semiconductores, facilitar la movilidad de talento y promover inversión. Arizona alberga operaciones de TSMC, Intel, onsemi, Microchip y Amkor, lo que convierte al estado en uno de los ecosistemas más densos de la industria en Estados Unidos.
En octubre, durante Semicon West 2026, el MICM firmó un segundo acuerdo, esta vez con la Fundación SEMI, la principal asociación global de la industria de semiconductores. El convenio contempla identificar las necesidades de las empresas del sector, diseñar programas de formación de talento y crear condiciones para que las firmas puedan operar en territorio dominicano. El esquema de colaboración involucra al Gobierno, universidades, industria y organizaciones laborales.
El ministro de Industria, Eduardo «Yayo» Sanz Lovatón, presentó al país en Semicon West 2026 como el destino que América Latina puede ofrecer a la cadena de suministro de chips. Su argumento central: Estados Unidos necesita diversificar y acercar esa cadena hacia aliados confiables, y República Dominicana reúne las condiciones para ser parte de esa respuesta.
Una base industrial que sirve de rampa
La plataforma de zonas francas dominicana agrupa 858 empresas, genera más de 200,000 empleos directos y exporta más de US$8,600 millones al año. Esa masa crítica de manufactura orientada a la exportación es, según la ENFIS, el principal activo de partida.
La experiencia en dispositivos médicos y manufactura de precisión refuerza ese argumento. Sanz Lovatón señaló que República Dominicana ya figura entre los principales proveedores de insumos médicos para Estados Unidos, un modelo que el Gobierno quiere replicar en semiconductores. Las actividades ATP que el país busca atraer exigen alta precisión y riguroso control de calidad, competencias que la industria médica ya ha desarrollado en las zonas francas.
El contexto externo también favorece la estrategia. La industria mundial de semiconductores alcanzó aproximadamente US$1 billón en agosto de 2026, cuatro años antes de lo proyectado originalmente, impulsada por la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos, las telecomunicaciones y la defensa. La pandemia y las tensiones geopolíticas expusieron la vulnerabilidad de depender de unos pocos centros de producción concentrados en Asia, lo que llevó a Estados Unidos a promulgar el CHIPS Act y a buscar activamente proveedores en el hemisferio occidental.
El cuello de botella: ingenieros y energía
La mayor debilidad de la estrategia no es política, sino estructural: el país enfrenta un déficit nacional de ingenieros para cubrir la demanda de industrias tecnológicas, según advirtió Shajira Nazir, vicerrectora académica del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Esa institución gradúa cerca de 2,000 estudiantes al año, de los cuales el 50% pertenece a carreras de ingeniería, pero el volumen es insuficiente frente a lo que requeriría una industria de semiconductores en expansión.
Para atraer operaciones reales, el país deberá fortalecer la educación STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), ampliar la formación técnica en microelectrónica, automatización, materiales, control de calidad y manufactura avanzada, e intensificar la colaboración entre universidades, institutos técnicos y empresas. A eso se suma la necesidad de garantizar energía eléctrica estable, competitiva y de alta calidad, un requerimiento no negociable para las plantas de ensamblaje y pruebas de semiconductores.
La competencia regional es otro factor a vigilar. México y Costa Rica llevan años consolidando ecosistemas de electrónica y manufactura avanzada, con empresas globales ya instaladas y cadenas de proveedores locales desarrolladas. República Dominicana parte con desventaja en ese frente.
Los memorandos firmados con Arizona y SEMI son el punto de partida, no el resultado. La prueba real de la estrategia será si esos acuerdos se traducen en plantas operativas, empleos de mayor calificación y exportaciones verificables de la industria de semiconductores en los próximos años. Sin ingenieros formados, energía confiable e infraestructura tecnológica adecuada, la ENFIS corre el riesgo de quedar como una aspiración bien documentada pero sin anclaje productivo.








