El bloqueo del comercio a través del Estrecho de Ormuz, a seis meses del inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, está encareciendo productos de consumo cotidiano y tensando las cadenas de suministro globales, según reportes de The Wall Street Journal y Reuters. El crudo Brent subió hasta US$90 por barril el miércoles y la gasolina en EE. UU. volvió a superar los US$4 por galón.
La disrupción importa a la República Dominicana porque el país importa la totalidad de los combustibles que consume y buena parte de sus alimentos, insumos y bienes manufacturados. Un shock petrolero sostenido y el alza de fletes marítimos elevan el costo de las importaciones, presionan los precios internos y complican la meta de inflación del Banco Central (BCRD), en una economía donde el precio del dólar y de la energía se trasladan rápido al bolsillo.
La presión sobre los precios va más allá del combustible. Reuters reportó en abril que el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz tensionó el suministro mundial de productos químicos, lo que obligó a Sherwin-Williams y otras empresas a subir precios. Boston Beer, International Paper y Unilever han comunicado a sus accionistas alzas recientes o planificadas para compensar el mayor costo de sus insumos, según The Wall Street Journal.
En Australia, el precio de la leche subió 6.17% entre febrero y junio, luego de que las dos mayores cadenas de supermercados elevaran hasta 12% en abril el precio de sus marcas propias, alegando el encarecimiento del gasóleo, los fertilizantes y los envases. «Si las empresas trasladan estos mayores costes a los consumidores, un shock petrolero temporal podría convertirse en un problema inflacionario más generalizado y persistente», advirtió Harry Murphy Cruise, de Oxford Economics.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, declaró el viernes que el comercio a través del Estrecho de Ormuz se había «desplomado», que los mercados energéticos fueron «trastocados» y que los precios de alimentos y fertilizantes se dispararon. Citó proyecciones del Programa Mundial de Alimentos según las cuales hasta 45 millones de personas podrían enfrentar inseguridad alimentaria aguda como consecuencia de la crisis.
Los economistas anticipan que los efectos inflacionarios persistirán al margen de cómo evolucione el conflicto. Diane Swonk, economista jefa de KPMG, señaló que los efectos secundarios de la guerra —»sobre todo en lo que respecta a la cosecha de otoño y los precios de los alimentos»— se extenderán hasta bien entrado 2027. Patrick Harker, expresidente del Banco de la Reserva Federal de Filadelfia, afirmó que la administración estadounidense no tiene «buenas opciones» para reducir los precios antes de las elecciones de medio término de noviembre.
En Estados Unidos, una encuesta de CNN reveló que 65% de los ciudadanos considera que las políticas del presidente Trump empeoraron las condiciones económicas, y la aprobación de su manejo de la inflación cayó a 25%. La gobernadora del Banco de la Reserva de Australia, Michele Bullock, reconoció que «las empresas están intentando trasladar los costes», mientras la inflación general se mantiene en 3.8%, por encima de la meta. En el Reino Unido, el minorista Next advirtió de un impacto de 47 millones de libras derivado de la guerra.
«Se puede experimentar una desaceleración de la inflación, es decir, un ritmo más lento de aumento de precios», declaró el economista Richard Holden, de la UNSW. «Pero es poco probable que los precios vuelvan a los niveles anteriores». El foco a vigilar es la evolución del tránsito por el Estrecho de Ormuz y del precio del Brent, cuyos movimientos definirán el costo de los combustibles y los fletes que la República Dominicana importa en los próximos meses.







