DIARIO FINANCIERO.- Más de 11.000 millones de barriles de petróleo descubiertos en aguas profundas de Guyana desde 2017 han desatado lo que organizaciones ambientalistas denominan el «efecto Guyana»: un contagio de ambición petrolera que reconfiguró la geopolítica energética del Gran Caribe. Naciones que históricamente se mantuvieron al margen de la industria de hidrocarburos hoy relanzaron rondas de licitación, mientras comunidades costeras, pescadores artesanales y activistas climáticos exigen que los beneficios prometidos no reproduzcan los mismos errores que denuncian en Georgetown.
El Modelo Guyana Y Su Efecto Dominó
El punto de partida fue el descubrimiento de reservas en Guyana por parte del gigante estadounidense ExxonMobil, hallazgo considerado el más grande del siglo XXI. Desde entonces, el modelo se convirtió en referencia obligada para los gobiernos de la Cuenca del Caribe. «En este momento hay muchísima expansión de los combustibles fósiles en la región», advirtió Carolina Sánchez, vocera de la Red Gran Caribe Libre de Fósiles, coalición que agrupa a organizaciones de más de una decena de países que trabajan por una transición energética justa. El boom se extiende pese a que el Gran Caribe aporta menos del 1% de las emisiones globales, pero es señalado como una de las regiones más vulnerables a huracanes y fenómenos climáticos extremos.
Georgetown: Entre La Riqueza Petrolera Y La Gentrificación
Lo que inicialmente se presentó como una promesa de prosperidad para Guyana derivó en una realidad más compleja. Según la Red Gran Caribe Libre de Fósiles, la industria avanza con escaso control ambiental e incluye quema ilegal de gases. En Georgetown, la capital, se constata un proceso acelerado de gentrificación: el alza de precios desplaza a la población de menores ingresos, y los pescadores artesanales describen su situación como un «cementerio de botes», en referencia a embarcaciones abandonadas que ya no pueden competir frente a una economía petrolera que los margina. Representantes de Red Thread, junto con la abogada Melinda Janki, presentaron una demanda contra ExxonMobil para exigir la contratación de un seguro capaz de cubrir posibles derrames; el proceso legal permanece abierto.

Surinam, El Otro Epicentro Regional
A la par de Guyana, Surinam emerge como el segundo epicentro de la expansión fósil en el Caribe. El país concentra recursos recuperables estimados en 2.400 millones de barriles de petróleo y 12,5 billones de pies cúbicos de gas. Las autoridades planean iniciar producción comercial en 2028, lo que convertiría al territorio en el nuevo actor protagónico de la región. La sombra de Venezuela planea sobre el debate: «No se puede hablar del Caribe sin mencionar a Venezuela, que es un recordatorio muy duro de lo que significa construir una economía rentista alrededor del petróleo», señaló Sánchez, poniendo sobre la mesa los riesgos sistémicos de la dependencia de hidrocarburos.
República Dominicana: Exploración Con Guyana Y El Debate De Punta Catalina
República Dominicana no ha permanecido ajena al efecto de contagio. El país avanza en la exploración de alianzas con Guyana para proyectos de petróleo y gas, una iniciativa que abre interrogantes sobre el modelo de gobernanza energética que adoptará el país. Al mismo tiempo, enfrenta oposición interna a proyectos de combustibles fósiles en curso: la termoeléctrica a carbón de Punta Catalina concentra críticas de organizaciones de salud y ambientalistas, quienes la vinculan con «graves problemas de salud en las comunidades cercanas». El doble frente —búsqueda de nuevas reservas y presión para cerrar infraestructura existente— refleja la tensión que vive toda la subregión en materia de política energética.
Panamá Y Ecopetrol: Alianzas Bajo Escrutinio
Panamá evalúa extender la exploración de combustibles fósiles hacia el Caribe panameño, en alianza con la colombiana Ecopetrol. La iniciativa representa otro capítulo del efecto Guyana en Centroamérica, un territorio donde el debate sobre soberanía energética, renta petrolera y riesgos ambientales aún no alcanza el nivel de intensidad que se observa en el Caribe insular. Theresa Rodríguez-Moodie, de la Jamaica Environment Trust, sintetizó la incertidumbre regional al señalar que persiste la duda de si los beneficios petroleros se traducirán en bienestar real para las poblaciones, dada la vulnerabilidad ante la corrupción y los riesgos ambientales inherentes a la industria.
Resistencias: Modelos Alternativos En Belice, Costa Rica Y Bahamas
Frente al avance fósil, tres países del Caribe se posicionan como referentes de resistencia. Desde 2017, Belice mantiene una moratoria total a la exploración y explotación de hidrocarburos en el mar Caribe. En 2023, el país blindó legalmente esa moratoria marina: solo un referéndum nacional puede levantarla, luego de una campaña ciudadana que reunió más de 22.000 firmas. Costa Rica va más lejos: mantiene una moratoria de exploración y explotación de petróleo y gas vigente hasta 2050, convirtiendo la apuesta por las renovables en política de Estado. En Bahamas, el gobierno negó en 2021 la renovación de licencias de exploración offshore a Bahamas Petroleum Company y, en 2024, firmó la Declaratoria del Tratado sobre Combustibles Fósiles. Casa Pueblo, organización puertorriqueña de referencia, también integra la red de resistencia regional.
El Dilema Climático De Una Región Que Poco Contamina Y Mucho Sufre
La paradoja central del debate es que el Gran Caribe produce menos del 1% de las emisiones de gases de efecto invernadero a escala global, pero figura entre las regiones más expuestas al cambio climático: huracanes de mayor intensidad, erosión costera, pérdida de arrecifes de coral y desplazamientos de población. Las organizaciones que integran la Red Gran Caribe Libre de Fósiles argumentan que la apuesta por nuevos yacimientos contradice los compromisos asumidos en los acuerdos climáticos internacionales y profundiza la vulnerabilidad de las mismas comunidades que se supone beneficiarán de la renta petrolera.
La Encrucijada Energética Del Caribe
El «efecto Guyana» instaló en la agenda regional una pregunta que no tiene respuesta sencilla: ¿puede una región altamente vulnerable aprovechar sus recursos fósiles sin reproducir los costos sociales y ambientales que ya se documentan en Georgetown? La respuesta que construyan países como República Dominicana, Panamá, Surinam y Jamaica en los próximos años determinará si el Caribe encuentra en el petróleo una palanca de desarrollo o una trampa de dependencia. Lo que ya está claro, según los activistas reunidos en el foro virtual, es que el tiempo para decidir se acorta mientras los contratos de exploración se multiplican.





