DIARIO FINANCIERO.- Cuando la revolución iraní de 1979 prometía justicia social y redistribución económica, millones de iraníes creyeron que el nuevo régimen terminaría con las élites económicas del antiguo sistema.
Décadas después, investigaciones periodísticas y reportes internacionales muestran un resultado muy distinto: el surgimiento de un poder económico concentrado alrededor del líder supremo Ali Khamenei, sustentado en la confiscación de miles de propiedades privadas.
El sistema económico construido bajo el liderazgo de Khamenei refleja un patrón recurrente en regímenes autoritarios de inspiración socialista o revolucionaria: expropiar activos privados para concentrar poder político y económico en una élite estatal, mientras amplios sectores de la población permanecen en pobreza.
Setad: el conglomerado construido sobre confiscaciones
El eje de este sistema económico es Setad Ejraiye Farmane Emam, conocido simplemente como Setad.
Según una investigación de Reuters, esta organización administra activos valorados en alrededor de US$95,000 millones, incluyendo:
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US$52,000 millones en bienes raíces
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US$43,000 millones en participaciones corporativas
Posteriormente, estimaciones de funcionarios estadounidenses y analistas elevaron el valor del conglomerado hasta cerca de US$200,000 millones, aunque esa cifra es considerada menos documentada.
Lo importante es que estas cifras no corresponden a una fortuna personal en el sentido clásico.
En cambio, reflejan activos controlados por estructuras paraestatales y fundaciones religiosas bajo la influencia directa del líder supremo.

El origen del imperio: expropiaciones tras la revolución
Setad se construyó a partir de la confiscación sistemática de propiedades después de la revolución islámica.
Miles de activos fueron incautados a:
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Empresarios asociados al antiguo régimen
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Minorías religiosas
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Ciudadanos iraníes que emigraron al extranjero
Entre los bienes confiscados había:
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Casas y edificios residenciales
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Tierras agrícolas
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Inmuebles comerciales
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Empresas privadas

Muchos de estos activos fueron posteriormente subastados o incorporados al portafolio del conglomerado.
Con el tiempo, Setad expandió su presencia a casi todos los sectores de la economía iraní, incluyendo:
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Finanzas
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Petróleo y energía
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Telecomunicaciones
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Industria farmacéutica
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Construcción
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Agroindustria
Incluso investigaciones han documentado negocios tan variados como granjas de avestruces o fábricas de anticonceptivos.
Un sistema económico opaco y sin auditorías
Oficialmente, el régimen presenta a Khamenei como un líder de vida austera.
Sin embargo, lo que revelan investigaciones internacionales es un sistema en el que el poder político controla una red de empresas, fundaciones y activos con escasa transparencia.
Muchas propiedades están registradas a nombre de:
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fundaciones religiosas
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empresas pantalla
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entidades semiestatales
Este esquema dificulta separar lo que es patrimonio estatal, patrimonio institucional o poder económico personal del liderazgo político.
En la práctica, el sistema permite al líder supremo manejar recursos financieros gigantescos sin supervisión pública ni auditorías independientes.

El contraste con la economía del país
Mientras estas estructuras concentran sectores estratégicos de la economía, la situación económica del país ha sido mucho más complicada para la población.
Diversos análisis estiman que decenas de millones de iraníes viven por debajo de la línea de pobreza.
En 2025, estudios económicos señalaban que el salario mínimo oficial cubría apenas un tercio del ingreso necesario para que una familia de cuatro personas evitara caer en pobreza.
A esto se suman problemas estructurales como:
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inflación persistente
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devaluación de la moneda
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desempleo juvenil elevado
El resultado es una brecha marcada entre la élite conectada al poder —conocida en Irán como los “Aghazadeh”, hijos de funcionarios del régimen— y una población con ingresos cada vez más deteriorados.
Implicación
El modelo económico construido en torno a Setad ilustra cómo algunos regímenes autoritarios utilizan expropiaciones y estructuras estatales opacas para consolidar poder político y económico.
Aunque legalmente muchos activos pertenecen al Estado o a fundaciones religiosas, en la práctica el control de esos recursos queda concentrado en una pequeña cúpula política, un patrón que críticos del régimen consideran uno de los factores detrás de la persistente debilidad económica de Irán
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