El costo del crédito en Estados Unidos sigue en niveles que pesan sobre el bolsillo de los hogares: la tasa promedio de las tarjetas llegó a 23.80% en agosto de 2026 y las hipotecas a 30 años se ubican en 6.66%, mientras el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años ronda el 4.8%, su nivel más alto desde enero de 2025, según datos de LendingTree y Freddie Mac.
El movimiento del bono de largo plazo funciona como referencia para las hipotecas a tasa fija, lo que encarece el acceso a la vivienda para quienes compran por primera vez o buscan refinanciar. Para las familias que ya operan con poco margen de ahorro —la tasa de ahorro personal se ubicó en 3% del ingreso disponible en julio— una subida adicional en las tasas puede significar la diferencia entre cubrir o no los gastos del mes.
Tarjetas de crédito: una deuda difícil de reducir
La deuda total de tarjetas de crédito de los hogares estadounidenses alcanzó US$1.26 billones al cierre del segundo trimestre de 2026, un aumento de US$21,000 millones en solo tres meses, de acuerdo con la Reserva Federal de Nueva York. El 6.97% de los saldos entraron en morosidad durante ese período, una proporción prácticamente igual a la de un año antes y que la Fed de Nueva York califica como elevada.
La Reserva Federal reportó en mayo una tasa promedio de 22.15% para las cuentas que generaban intereses, mientras LendingTree registró 23.80% en agosto con una metodología distinta. Con esas tasas, un consumidor que mantiene un saldo de US$5,000 en una tarjeta y realiza solo el pago mínimo ve cómo una parte importante de ese pago se destina a intereses, lo que reduce el saldo principal muy lentamente.
El patrón se refuerza cuando el ingreso no alcanza: el consumidor utiliza la tarjeta para cubrir alimentos, gasolina o gastos imprevistos, acumula más saldo y necesita destinar más dinero para mantener la deuda al corriente. Con tasas superiores al 20%, financiar una emergencia puede convertirse rápidamente en una carga difícil de manejar.
Hipotecas: el impacto llega al momento de comprar o refinanciar
Quien contrató una hipoteca fija a 30 años antes del ciclo de alzas no recibe automáticamente una mensualidad mayor cuando sube el rendimiento del bono. La presión recae sobre quienes compran vivienda por primera vez, refinancian o solicitan un nuevo préstamo.
La tasa promedio de una hipoteca fija a 30 años se ubicó en 6.66% al 27 de agosto, según Freddie Mac, frente a 6.56% un año antes. Para ilustrar la diferencia: una hipoteca de US$400,000 a 30 años con una tasa de 6.66% implica un pago mensual de capital e intereses de aproximadamente US$2,578, antes de impuestos y seguros. Con una tasa de 5.98%, ese pago bajaría a aproximadamente US$2,395, una diferencia de cerca de US$183 por mes, o más de US$2,190 al año por financiar exactamente el mismo monto.
Para un hogar con poco margen de ahorro, esa brecha puede determinar si una vivienda cabe en el presupuesto o no, y puede obligar al comprador a buscar una propiedad más barata, entregar un enganche mayor o posponer la compra.
La deuda total de los hogares supera los US$18 billones
La fotografía completa muestra una economía que sostiene el consumo, pero con una carga de deuda considerable. La deuda total de los hogares estadounidenses alcanzó US$18.8 billones al cierre del segundo trimestre de 2026. De ese total, las hipotecas representan alrededor de US$13.1 billones; los préstamos automotrices, US$1.71 billones, y las tarjetas de crédito, US$1.26 billones.
En el segundo trimestre, la deuda no hipotecaria creció US$48,000 millones: los saldos de tarjetas subieron 1.7% y los préstamos para automóviles también avanzaron 1.7%. La morosidad agregada afectó al 4.7% de la deuda pendiente en algún momento del trimestre. La Fed de Nueva York señaló que las tasas de morosidad de la mayoría de los productos se han mantenido relativamente estables durante los últimos dos años, por lo que los datos no describen una crisis generalizada de crédito, sino una presión concentrada en los hogares con menos margen financiero.
El riesgo de que el bono del Tesoro a 10 años se aproxime al 5% —actualmente ronda 4.8%, mientras el bono a 30 años supera 5.27%— cobra relevancia si se considera que el mercado ya incorpora la posibilidad de que la Reserva Federal mantenga las tasas elevadas por más tiempo o incluso las incremente si la inflación vuelve a acelerarse. Para los hogares, eso significaría que el costo de la vida y el costo del crédito avanzarían al mismo tiempo: el petróleo más caro presiona los precios de gasolina y bienes, mientras un mercado de bonos que exige mayores rendimientos encarece aún más el financiamiento. La clave a seguir será si la Fed ajusta su postura en las próximas reuniones y cómo reacciona el mercado hipotecario ante cualquier movimiento adicional en los bonos de largo plazo.









