Las actas de la Fed correspondientes a la reunión del 29 de julio revelaron que «muchos» miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) consideran «necesario» volver a elevar los tipos de interés si la inflación no logra moderarse hacia la meta del 2%, al tiempo que el presidente Kevin Warsh propuso reducir la frecuencia de las reuniones de política monetaria de ocho a seis por año.
La división al interior del organismo queda en evidencia: el FOMC respaldó mantener el rango objetivo de la tasa de referencia entre el 3.50% y el 3.75% — quinto encuentro consecutivo sin cambios desde enero — por nueve votos a favor frente a tres en contra, con los disidentes defendiendo una subida inmediata de un cuarto de punto porcentual (25 puntos básicos). Para economías como la dominicana, donde el crédito en dólares y el costo del financiamiento externo responden de cerca a las decisiones de la Reserva Federal, una eventual alza elevaría el piso de tasas para empresas e instituciones que se fondean en mercados internacionales.
Inflación resistente y riesgos al alza
El análisis de precios presentado por varios miembros del FOMC mostró que los incrementos tanto en servicios como en productos básicos continuaban siendo elevados. Incluso excluyendo los componentes más expuestos al conflicto en Oriente Medio y a los aranceles, la inflación subyacente —la que descarta energía y alimentos para capturar la tendencia de fondo— mantuvo una «notable resistencia», según el documento.
«Los participantes consideraron que sus perspectivas de inflación eran muy inciertas y que los riesgos inflacionarios se inclinaban al alza», recogen las actas. «Muchos participantes señalaron que la reciente escalada del conflicto en Oriente Próximo ensombrecía significativamente las perspectivas de inflación» y advirtieron que «un conflicto prolongado podría alargar los problemas en la cadena de suministro y ejercer presión al alza sobre la inflación».
Pese a esta postura hawkish de varios miembros, la mayoría del FOMC optó por la cautela: mantener la tasa sin cambios para acumular información entre reuniones y «reducir la incertidumbre sobre las perspectivas de inflación», antes de actuar. Algunos participantes, no obstante, plantearon que las condiciones financieras actuales «podrían no ser lo suficientemente restrictivas» para llevar la inflación de vuelta al objetivo del 2%.
La propuesta de Warsh: seis reuniones al año
El elemento de mayor calado institucional de las actas fue la propuesta del presidente de la Fed, Kevin Warsh, de recortar el número de reuniones anuales de política monetaria de ocho a seis, con periodicidad bimestral, a partir del calendario de 2026. Warsh argumentó que una menor frecuencia «permitiría acumular más información entre reuniones que con la práctica actual» y daría a los responsables de política y al personal «más tiempo para analizar cuestiones estratégicas».
La iniciativa surgió después de que varios participantes señalaran que las condiciones financieras y económicas apenas habían experimentado cambios desde la reunión anterior, cuestionando la utilidad de una cadencia tan ajustada. El FOMC no adoptó ninguna decisión al respecto y cualquier modificación no tendría efecto sobre el calendario de reuniones previsto para este año.
Los mercados seguirán atentos a los datos de inflación y empleo en las próximas semanas para calibrar si el banco central tiene margen de mantener la pausa o si la presión de los tres votos disidentes —y de los riesgos geopolíticos en Oriente Medio— terminará inclinando la balanza hacia una nueva alza de tipos antes de que cierre 2025.








