Santo Domingo.– El concierto de Bad Bunny en República Dominicana dejó un balance mixto. Hubo euforia, invitados sorpresa y momentos emotivos. Sin embargo, persistieron quejas por organización, visibilidad y logística.
El evento movilizó a más de 100 mil personas en dos funciones. Llegaron fanáticos locales e internacionales al Estadio Olímpico Félix Sánchez. Para el país, este tipo de espectáculos representa una clara oportunidad para impulsar el turismo de eventos.

A pesar del impacto económico y del alcance regional, la logística no cumplió las expectativas. Las quejas de la primera noche volvieron a repetirse en la segunda. Los asistentes denunciaron escenario pequeño, zonas “premium” con visibilidad reducida y fallos en la gestión de acceso.

“Esto es una burla. Compras front stage y te colocan otra zona más adelante. En otro país paran el concierto”, afirmó un asistente al final del show. Las molestias se centraron en la visión limitada causada por la estructura conocida como “la casita” la cual estaba del otro lado de la zona más cara del concierto y en donde el artista paso gran parte del tiempo.
El productor Gamal Haché había asegurado que la logística tenía ocho meses de preparación. Sin embargo, persisten dudas sobre aspectos clave: ¿se hicieron pruebas de escenario? ¿Hubo inspección de equipos? ¿Se contemplaron rutas adecuadas de acceso?
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Pese a estas fallas, la segunda función del 22 de noviembre contó con momentos memorables. La aparición de Romeo Santos generó un punto máximo de euforia. También destacó la participación de Dahian El Apechao y las fusiones caribeñas junto a Los Pleneros de la Cresta.
Más de 50 mil personas corearon éxitos como “Tití Me Preguntó”, “Yo Perreo Sola” y “BoKeTE”. El artista expresó su cariño por el país con frases como “RD también es mi casa”, lo que provocó aplausos y reacciones emotivas en redes sociales.
El público quedó dividido. Muchos calificaron el concierto como “inmenso”, “irrepetible” e “histórico”. Otros lamentaron los problemas de producción. La mezcla de emociones deja un aprendizaje claro: eventos de esta magnitud requieren estándares más estrictos de planificación.







