El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la inflación en México no regresará de forma duradera a su meta de 3% hasta principios de 2028, un horizonte más lejano que el contemplado por el Banco de México (Banxico), que mantiene la proyección de que ese objetivo se alcanzará durante 2027.
La diferencia entre ambas instituciones radica en el concepto de convergencia. Banxico, en su Informe Trimestral abril-junio de 2026, prevé que la inflación general toque la meta el próximo año. El FMI, en cambio, pone el énfasis en que ese regreso sea «duradero» y sitúa ese proceso hasta inicios de 2028, argumentando que las presiones persistentes sobre la inflación subyacente y unas expectativas todavía elevadas justifican mayor cautela.
Postura monetaria y recomendaciones del FMI
El organismo recomendó mantener una postura monetaria moderadamente restrictiva hasta que exista evidencia clara de que la inflación se dirige de manera sostenida hacia el objetivo. Además, advirtió que podría ser necesario un mayor endurecimiento si el proceso de desinflación se estanca. Con ello, el FMI deja claro que la proximidad actual de la inflación general al objetivo no significa que el proceso haya concluido.
El FMI también pidió a Banxico reforzar su comunicación y enfatizar que su objetivo es una inflación de 3%, aclarando que el intervalo de variabilidad de ±1 punto porcentual alrededor de esa cifra no debe interpretarse como un rango de tolerancia. En términos prácticos, que la inflación se ubique entre 2% y 4% no equivale a que el banco central haya cumplido permanentemente con su mandato. El propio marco de Banxico establece una meta permanente de 3% y utiliza ese intervalo para reconocer la incertidumbre inherente al comportamiento de los precios.
El subgobernador de Banxico, Omar Mejía, señaló que también considera relevante observar el respaldo de las instituciones financieras multilaterales a México, en alusión a la evaluación del FMI sobre la economía del país.
Volatilidad del peso
Mejía también fue cuestionado sobre los movimientos recientes del peso frente al dólar y descartó que representen una señal de alarma. El funcionario recordó que México opera bajo un régimen cambiario flexible, en el que el tipo de cambio actúa como un amortiguador frente a choques externos y como una variable de ajuste para la economía. Calificó la depreciación reciente como «algo saludable».
Los mercados seguirán de cerca las próximas decisiones de política monetaria de Banxico a la luz de la divergencia con el FMI, especialmente si los datos de inflación subyacente no muestran una trayectoria clara de descenso hacia el objetivo.









