Flávio Bolsonaro encabeza el recuento de las elecciones de Brasil con un 50.20% de los sufragios frente al 41.63% del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, según los datos parciales con el 47% de los votos escrutados este domingo 4 de octubre. La diferencia entre ambos candidatos supera los 5 millones de votos.
De mantenerse ese margen, el líder del Partido Liberal no tendría que afrontar una segunda vuelta, al sobrepasar la barrera del 50% que el sistema electoral brasileño exige para una victoria en primera ronda, y asumiría la presidencia del país a partir de 2027. Para la economía de la región, y para socios comerciales y acreedores que siguen de cerca la política fiscal de Brasil, el resultado implicaría un giro hacia privatizaciones y reducción del gasto público.
Los resultados parciales
Detrás de los dos principales candidatos, ningún otro aspirante supera el 3% de los votos: el psiquiatra y escritor Augusto Cury obtuvo el 3.00%, el agitador ultrarrenovador Santos el 2.41% y el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado el 2.33%.
La jornada estuvo marcada por una elevada abstención, atribuida a la desilusión de los ciudadanos con la clase política. Los dos candidatos principales se ausentaron de los debates televisivos previos a la votación. Los brasileños acudieron a las urnas con un grave endeudamiento familiar, una economía en desaceleración y una creciente preocupación por la violencia de las bandas criminales.
Dos modelos económicos en disputa
Las propuestas de ambos candidatos representan visiones opuestas del modelo económico. Lula defiende el estatismo y el aumento del gasto público; en su programa prometió establecer un máximo de cinco días laborales en lugar de los seis actuales y elevar en un 15% el subsidio del programa Bolsa Familia. Flávio, por su parte, propone reducir la presencia del Estado, privatizar empresas públicas y endurecer las políticas de seguridad, con referencias explícitas al modelo carcelario del presidente salvadoreño Nayib Bukele.
El peso de la corrupción en ambas candidaturas
Lula llega a estas elecciones con un 47% de desaprobación ciudadana, según los datos de la fuente. A pesar de que en su primer mandato, entre 2003 y 2011, sus políticas sociales sacaron de la pobreza a 20 millones de personas, su regreso al poder no ha logrado repetir ese impacto. Su gobierno ha sido sacudido por casos de corrupción: su propio hijo está bajo investigación por tráfico de influencias, y el llamado escándalo Banco Master levantó sospechas sobre jueces del Tribunal Supremo por su relación con un banquero encarcelado.
Flávio Bolsonaro, de 44 años, ha construido su campaña como heredero político de su padre Jair Bolsonaro, quien cumple arresto domiciliario tras el intento de golpe de Estado de 2022. Una de sus promesas electorales es liberar a su padre una vez en el poder. Su trayectoria también arrastra investigaciones por lavado de dinero, y en las semanas previas a los comicios surgió un nuevo escándalo en torno a la película Dark Horse, un documental sobre Jair Bolsonaro que presuntamente habría recibido financiación irregular. La Policía Federal investiga el caso; Flávio lo califica de patrocinio privado y legal.
Una eventual victoria de Flávio reforzaría la tendencia derechista que se ha afianzado en América Latina, donde cerca de una decena de jefes de Estado conservadores han asumido el poder en los últimos tres años. Figuras como el presidente argentino Javier Milei acompañaron al candidato brasileño durante la campaña. En los próximos días, el avance del escrutinio definirá si el resultado de primera ronda se consolida o si Brasil se encamina hacia una segunda vuelta que replantearía el mapa político de la región.







