El primer ministro canadiense Mark Carney respaldó el jueves 17 de septiembre la membresía asociada de Canadá a la UE, calificando la propuesta como una garantía de que «ningún país pueda controlar los mercados de Canadá o menoscabar su soberanía». Su discurso ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia, llegó un día después de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentara la iniciativa, un estatus que no existe en los tratados actuales del bloque y que deberá crearse desde cero.
La posibilidad de una integración profunda con Europa cobra peso en un contexto en que alrededor del 70% de las exportaciones canadienses van a Estados Unidos, una dependencia que los aranceles del presidente Donald Trump, sus exigencias de concesiones económicas y sus repetidas alusiones a convertir a Canadá en el «estado número 51» están forzando a Ottawa a replantear.
La propuesta y el respaldo de Carney
Carney aclaró ante el Parlamento Europeo que no busca la membresía plena en la UE. Su propuesta apunta a una integración más profunda en áreas concretas: comercio, defensa, minerales críticos, inteligencia artificial, energía, espacio, investigación y servicios financieros. El objetivo declarado es reducir la vulnerabilidad de ambas partes a la presión económica y geopolítica.
«No buscamos poder para dominar a otros», señaló Carney ante los legisladores europeos. «Por el contrario, buscamos resiliencia para que nadie pueda controlar nuestros mercados abiertos, menoscabar nuestra soberanía, amenazar nuestra integridad territorial o socavar nuestras libertades, nuestras democracias y nuestro Estado de derecho».
Su intervención fue recibida con una ovación en pie. Varios eurodiputados se acercaron al hemiciclo para estrecharle la mano y pedirle selfies antes de que comenzara su discurso; una legisladora europea portaba una camiseta de hockey canadiense.
Un estatus por definir
Von der Leyen propuso el miércoles 16 de septiembre llevar la relación entre Canadá y la UE «al nivel más alto posible», superando el actual acuerdo de libre comercio vigente entre ambas partes para construir una «alianza para el futuro» que abarque un «espacio común de prosperidad y seguridad económica». Cuando los eurodiputados ovacionaron la propuesta en pie, Carney, sentado en la primera fila del hemiciclo, se levantó para abrazar a von der Leyen.
Sin embargo, el propio Carney reconoció que la figura de «membresía asociada» aún está por definirse, dado que el estatus no existe en los tratados del bloque. Los líderes europeos y el primer ministro canadiense se reunirán en una cumbre bilateral en Montreal el 29 y 30 de octubre para discutir con mayor detalle el alcance de la nueva relación propuesta.
La sombra de Washington
La propuesta de una membresía asociada de Canadá a la UE no tardó en generar reacción en Washington. El presidente Trump sugirió que el acuerdo podría constituir un «acto hostil» y amenazó con imponer aranceles adicionales al bloque si consideraba que las intenciones de Bruselas eran poco amistosas.
La cumbre de Montreal de finales de octubre será la primera prueba concreta de hasta dónde están dispuestos a llegar Canadá y la UE en la construcción de ese nuevo vínculo, y de cómo gestionarán las represalias comerciales que Washington ya ha puesto sobre la mesa.









