Las joyas y oro como activos de preservación de capital han recobrado protagonismo en un escenario marcado por el riesgo de inflación y la volatilidad de los mercados bursátiles. El oro físico, la alta joyería y la relojería de lujo se posicionan de nuevo como vehículos para resguardar patrimonio, con distintos niveles de entrada, liquidez y tributación según el tipo de pieza y el perfil del inversor.
La revalorización de estos instrumentos no ocurre en el vacío: a medida que los mercados de renta variable registran turbulencias y la inflación erosiona el poder adquisitivo, los activos tangibles recuperan su función histórica como depósitos de valor. Para los inversionistas dominicanos y latinoamericanos con exposición a mercados internacionales o patrimonio diversificado, entender las reglas de este mercado resulta cada vez más relevante.
El oro de inversión: la entrada más accesible
Una de las vías más directas a este mercado es el llamado «oro de inversión», que comprende lingotes con una pureza igual o superior a 995 milésimas y monedas acuñadas después de 1800 con una pureza mínima de 90%. Este formato goza de exención del IVA en España y permite al inversor minorista acceder al metal desde aproximadamente 60 euros, con una garantía de liquidez inmediata.
La joyería comercial convencional, en cambio, está gravada con un IVA del 21% y presenta un riesgo específico: en períodos de crisis, su precio puede limitarse al valor del metal por peso, lo que implica descuentos de hasta el 50% frente al precio de adquisición original. Esta diferencia entre el valor decorativo y el valor financiero es uno de los factores que distingue la joyería comercial de la joyería de inversión.
En un rango superior, el valor de las joyas y oro como activos deja de depender del material en bruto para centrarse en el peso de la marca. Firmas como Cartier, Tiffany’s y Bulgari transforman el metal en un activo financiero líquido, donde la elaboración, la exclusividad y la historia de la pieza determinan su cotización en el mercado secundario.
Relojería de lujo: rentabilidad con condiciones
El fenómeno es especialmente visible en la relojería de lujo. Modelos de marcas como Rolex o Patek Philippe han registrado alzas que triplican su valor inicial en el mercado de reventa, según el análisis del sector. Sin embargo, la condición para preservar ese valor es estricta: la ausencia de los elementos originales que certifican y acompañan la pieza —caja, documentos, garantías— puede reducir su valor hasta en un 25%.
Desde el punto de vista fiscal, este segmento resulta atractivo en mercados como el español, donde la tributación de estas piezas se basa en el impuesto sobre transmisiones patrimoniales (ITP), que en varias comunidades autónomas se sitúa en el 4%, una carga significativamente menor que la del IVA.
Alta joyería institucional y grandes colecciones
En la cúspide del mercado se encuentran las grandes colecciones y la inversión institucional, donde la rareza de las gemas y la historia de las piezas fijan el precio en subastas o ventas privadas. Las casas de subastas Christie’s, Sotheby’s y Poly Auction lideran este segmento a nivel internacional.
En este nivel, el valor de los activos depende de manera crítica de los certificados gemológicos, considerados el equivalente al documento de identidad de cada pieza. Laboratorios como el GIA (Gemological Institute of America) o el IGE (Instituto Gemológico Español) son los referentes para evaluar la categoría de las piedras preciosas.
La alta joyería ofrece una ventaja logística que no tienen otros activos alternativos: permite concentrar millones de euros en piezas de pequeño volumen, lo que facilita su transporte y custodia fuera del sistema bancario digital. Esta característica la convierte en un instrumento de gestión patrimonial para grandes fortunas, aunque también implica riesgos de trazabilidad fiscal.
Trazabilidad y riesgo regulatorio
El marco regulatorio en mercados como el español exige que cada transacción quede registrada en los establecimientos profesionales y que se cumpla un período de retención de 15 días antes de cualquier modificación de la pieza, como mecanismo de prevención del blanqueo de capitales.
La factura original y la acreditación del origen lícito son tan determinantes para el valor de la inversión como la calidad intrínseca de las gemas. Sin esta trazabilidad documental, el activo enfrenta restricciones que pueden limitar severamente su liquidez y su valoración en cualquier transacción futura. Los inversores que consideren incorporar estos activos a su cartera deben monitorear tanto la evolución del precio del oro y de las marcas de referencia como los cambios en los marcos regulatorios de prevención financiera en las jurisdicciones donde operen.







