El secretario del Ejército de Estados Unidos, Daniel Driscoll, renunció a su cargo, dejando a las fuerzas armadas del país sin un líder confirmado por el Congreso en un momento en que están desplegadas en múltiples frentes, principalmente Irán.
La salida de Driscoll agrava la incertidumbre en el mando militar estadounidense, con consecuencias directas sobre la conducción de operaciones activas y las negociaciones diplomáticas en curso, incluido el proceso entre Rusia y Ucrania en el que el secretario saliente había tenido participación directa.
La versión oficial y la fricción con Hegseth
La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, defendió la gestión de Driscoll en declaraciones al Wall Street Journal. «El secretario Driscoll ha sido muy eficaz impulsando la agenda del presidente, proporcionando un liderazgo excepcional durante operaciones militares históricas, reorientando la atención hacia la preparación operativa y contribuyendo a las negociaciones entre Rusia y Ucrania», sostuvo Kelly.
Sin embargo, la relación entre Driscoll y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, nunca fue fluida. Los primeros roces se registraron en 2025, cuando Driscoll se presentó en el despacho de Hegseth con la propuesta de organizar una visita de Donald Trump y el vicepresidente J.D. Vance —un viejo amigo de Driscoll— a las fuerzas armadas. Hegseth reaccionó con dureza: alzó la voz ante la iniciativa, ordenó a Driscoll que no se inmiscuyera en asuntos que no le correspondían y le recordó la línea jerárquica.
Un mando debilitado
Desde ese episodio, las tensiones entre ambos funcionarios se intensificaron. El despido del subjefe de Estado Mayor, Randy George, en abril, complicó aún más el panorama institucional del Ejército.
La renuncia de Driscoll deja al Ejército de Estados Unidos sin un secretario confirmado por el Senado en uno de los períodos de mayor actividad operativa en años recientes. El proceso de nominación y confirmación de un sucesor en el Congreso podría extenderse por semanas o meses, prolongando el vacío en el mando civil de la rama más grande de las fuerzas armadas estadounidenses.
Los mercados y gobiernos de la región seguirán de cerca quién ocupa la vacante y qué señal envía la administración Trump sobre la conducción de sus compromisos militares en Oriente Medio y Europa.









