Las reservas de oro en América Latina vuelven a ganar peso en las carteras de los bancos centrales de la región, impulsadas por la incertidumbre geopolítica global y un precio del metal que se ha disparado, mientras el caso de Venezuela —con 31 toneladas valoradas en unos US$4,000 millones bloqueadas en el Banco de Inglaterra desde hace casi ocho años— ilustra de forma descarnada los riesgos que entraña custodiar el activo en el extranjero.
El oro no genera intereses ni representa la deuda de otro gobierno, lo que lo convierte en una cobertura ante crisis que los bancos centrales de mercados emergentes valoran cada vez más. Para economías latinoamericanas que dependen del financiamiento externo y son vulnerables a la volatilidad cambiaria, incrementar las reservas de oro ofrece una capa adicional de protección frente a sanciones, corridas de divisas y shocks externos.
Brasil lidera, Venezuela acumula un caso sin precedentes
Según los últimos datos del World Gold Council (WGC), organismo que compila estadísticas del FMI y de los propios bancos centrales, Brasil figura a la cabeza de la región con unas 172 toneladas. Le siguen Venezuela, con 161 toneladas en su último dato oficial disponible; México, con unas 120; Argentina, con cerca de 62; Perú, con 35, y Ecuador, con unas 26. Bolivia ronda las 23 toneladas, Guatemala las 16, mientras Chile y Paraguay tienen alrededor de ocho toneladas cada uno y Colombia menos de cinco.
El caso venezolano es emblemático por razones opuestas a las de Brasil. Gobierno y sectores de la oposición venezolana coinciden en reclamar las 31 toneladas custodiadas en las bóvedas del Banco de Inglaterra para financiar la reconstrucción tras los terremotos del 24 de junio de 2026, pero el acceso ha quedado condicionado por decisiones judiciales y políticas durante casi ocho años. «La utilidad del oro como reserva depende no solo de cuánto se posee, sino también de la posibilidad de disponer de él cuando se necesita», resume el análisis.
La tendencia global se acelera
Las diferencias de volumen entre países de la región no siguen una lógica única. «No creo que haya una explicación obvia», señaló a DW Gian Maria Milesi-Ferretti, investigador sénior del centro Brookings y exsubdirector del Departamento de Investigación del FMI. «En parte, la diferencia es simplemente un legado», es decir, algunos países ya disponían de reservas históricas y otros comenzaron a acumularlas en momentos concretos. Brasil, por ejemplo, intensificó sus compras tras la pandemia, posiblemente motivado por la inflación y las expectativas de una subida de precio del metal.
La brecha frente a los grandes tenedores mundiales sigue siendo enorme: Estados Unidos conserva más de 8,000 toneladas; China, unas 2,330, y Rusia, alrededor de 2,290. Las economías avanzadas dominan la clasificación porque acumularon grandes cantidades cuando el oro era el eje del sistema monetario internacional. Sin embargo, la dinámica reciente apunta en otra dirección: «Desde 2000, prácticamente todas las compras han procedido de mercados emergentes», explicó Milesi-Ferretti.
Esa tendencia se ha acelerado de forma notable. Los bancos centrales compraron en promedio unas 1,000 toneladas anuales durante los últimos cuatro años, frente a unas 500 toneladas anuales en la década anterior, de acuerdo con el WGC. Tras un primer trimestre débil en 2026, las compras netas mundiales alcanzaron 289 toneladas en el segundo trimestre del año. Polonia encabeza las adquisiciones declaradas de 2026 con 82 toneladas hasta junio; le siguen Uzbekistán, con 41; China, con 40, y Kazajistán, con 27. Turquía y Rusia, en contraste, han vendido parte de sus existencias este año.
América Latina se suma, pero despacio
En lo que va de 2026, América Latina empieza a participar en el movimiento comprador: Chile ha incorporado unas ocho toneladas, Guatemala dos y Bolivia y Uruguay alrededor de una tonelada cada uno. El WGC, no obstante, considera prematuro hablar de una tendencia regional consolidada.
La encuesta de 2026 del WGC refleja el ánimo del sector: el 89% de los gestores de reservas consultados espera que las tenencias mundiales de oro de los bancos centrales aumenten durante los próximos doce meses, y un 45% prevé incrementarlas en su propia institución. Los principales motivos declarados son el comportamiento del oro en períodos de crisis, su capacidad de preservar valor a largo plazo y la diversificación de las carteras frente al dólar y otras monedas de reserva.
La custodia también está cambiando. Milesi-Ferretti señaló que existe evidencia de países que repatrían parte de sus reservas por «la preocupación de que puedan ser congeladas o incautadas». Los volúmenes mantenidos en los grandes centros internacionales —Londres y Nueva York, donde la liquidez facilita las ventas rápidas— han disminuido, aunque los datos disponibles son incompletos. Para los bancos centrales de la región, el dilema entre accesibilidad y seguridad se ha vuelto tan relevante como el propio nivel de tenencias; lo que le sucedió a Venezuela con sus lingotes en Londres es hoy una advertencia que ningun gestor de reservas latinoamericano puede ignorar.









