El arroz dominicano se ha convertido en el principal punto de fricción comercial entre República Dominicana y Estados Unidos tras el vencimiento del período de protección contemplado en el DR-Cafta, el tratado de libre comercio que ambos países suscribieron hace dos décadas. La disputa, que escala en intensidad en 2025, enfrenta a Washington —que reclama acceso irrestricto para sus exportaciones arroceras— con el Gobierno del presidente Luis Abinader, que ha optado por sostener la protección de una industria que emplea a cientos de miles de dominicanos.
El desenlace de esta tensión puede afectar directamente a productores, jornaleros, transportistas y procesadores distribuidos en 21 de las 32 provincias del país, además de repercutir en el precio del alimento más consumido por los hogares dominicanos.
La arquitectura de la disputa
El corazón del conflicto es el Decreto 693-24, firmado por el Gobierno dominicano. La norma permite la entrada sin aranceles de 23,300 toneladas métricas de arroz estadounidense al año, pero aplica una tasa de 99% a cualquier volumen que supere ese cupo, conocido como contingente arancelario.
Para Washington, esa estructura contradice los compromisos adquiridos por República Dominicana al firmar el DR-Cafta. El Informe nacional de barreras al comercio exterior 2026 de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) sostiene que Santo Domingo se obligó, bajo el acuerdo, a eliminar por completo los aranceles sobre productos agrícolas estadounidenses a partir del 1 de enero de 2025.
El USTR precisa, además, que el Decreto 693-24 congeló de manera permanente para el arroz el esquema que correspondía al año 19 del tratado, es decir, el penúltimo escalón antes de la liberalización total. La agencia comercial estadounidense también confirmó que sectores exportadores de ese país han expresado preocupación porque República Dominicana estaría adoptando medidas que «menoscaban sus obligaciones» bajo el acuerdo, y que Washington sigue el asunto de cerca en conversaciones bilaterales con las autoridades dominicanas.
Lo que está en juego para República Dominicana
La posición dominicana descansa sobre una realidad económica de peso. Datos oficiales divulgados este año indican que el cultivo del arroz representa más del 20% del valor bruto de la producción agropecuaria nacional. Las estimaciones ofrecidas anteriormente por el presidente Abinader situaban en más de 90,000 los empleos directos y en alrededor de 320,000 los empleos indirectos vinculados al sector, además de unas 300 factorías procesadoras a lo largo del país.
La cadena de valor no se limita a las plantaciones. Productores y jornaleros forman parte de una red que incluye factorías, transportistas, comerciantes, suplidores de insumos agrícolas y entidades financieras que operan en las zonas productoras. Dado que el cultivo está presente en 21 provincias, una contracción severa del sector generaría efectos económicos y sociales en una porción significativa del territorio nacional.
Dos décadas de preparación en debate
El argumento central de Estados Unidos es que República Dominicana contó con veinte años —el período de gracia del DR-Cafta— para modernizar y hacer competitiva su producción arrocera antes de la apertura definitiva. Bajo esa lectura, desde 2025 el arroz estadounidense debería ingresar sin cuotas y con arancel cero.
El Gobierno dominicano, en cambio, ha interpretado que mantener el esquema de protección es necesario para preservar la estabilidad de una cadena productiva que sostiene empleos, industrias locales y economías regionales. El pulso entre ambas partes trasciende, así, el debate técnico sobre tarifas y se adentra en el terreno político y social. Los próximos meses de negociación bilateral determinarán si República Dominicana cede terreno en el contingente arancelario, si se alcanza un acuerdo de transición gradual o si la controversia escala hacia un mecanismo formal de solución de diferencias dentro del propio DR-Cafta, un escenario que ninguna de las dos partes ha descartado públicamente.









