A partir del análisis realizado sobre el desempeño financiero de Seguros Reservas por el economista Juan Ariel Jiménez, sustentado en los estados financieros auditados y en información oficial de la Superintendencia de Seguros, se ha reabierto un debate legítimo sobre la salud financiera de una de las principales empresas públicas del país. Los hallazgos para el período 2020–2024 plantean interrogantes que merecen ser abordadas con mayor amplitud y rigor técnico.
Precisamente por ello, resulta pertinente extender ese mismo análisis hacia atrás, replicándolo para el período 2015–2019 y comparándolo con 2014 como año base. No con el ánimo de relativizar los resultados recientes, sino para determinar con claridad si los desbalances observados responden a un problema estructural arrastrado en el tiempo o si se trata de un deterioro que se ha profundizado bajo la gestión actual.
El valor de este ejercicio radica en la consistencia metodológica. Aplicar los mismos criterios, utilizando las mismas fuentes oficiales y evaluando los mismos indicadores, permitiría separar con datos lo heredado de lo decidido. Solo así es posible elevar el debate público y evitar que una discusión técnica termine reducida a una lectura exclusivamente política.
Uno de los elementos centrales de este análisis comparativo sería la rentabilidad técnica. Determinar si, antes de 2020, Seguros Reservas generaba utilidades reales a partir de su operación aseguradora o si ya dependía de primas provenientes del propio grupo financiero y de entidades del Estado resulta clave para evaluar la sostenibilidad del modelo de negocio. La calidad de las utilidades importa tanto como su existencia.
De igual forma, el comportamiento del gasto en comisiones a intermediarios merece una evaluación histórica. Analizar su evolución como proporción de las primas, su tasa de crecimiento y su comparación con las principales aseguradoras privadas permitiría identificar si el aumento observado en los últimos años responde a una tendencia previa o a decisiones de gestión más recientes.
Otro componente relevante es el gasto en nómina y bonificaciones. Comparar su crecimiento con el crecimiento de los ingresos y con el desempeño del mercado asegurador ayudaría a determinar si estos incrementos están asociados a una expansión real del negocio o si reflejan ineficiencias administrativas que se han ido acumulando con el tiempo.
Especial atención debe prestarse al gasto en publicidad y promoción. La evolución de este rubro, contrastada con el crecimiento de las primas y con el comportamiento del resto del mercado, permite evaluar la racionalidad del gasto en una empresa que, por su naturaleza, recibe una parte significativa de sus ingresos directamente del Estado Dominicano.
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Un análisis histórico como este podría conducir a dos conclusiones posibles. La primera, que los problemas sean de carácter estructural y precedan a la actual administración, lo que evidenciaría debilidades persistentes en la gobernanza de las empresas públicas. La segunda, que exista una ruptura clara a partir de 2020, lo que apuntaría a una responsabilidad directa de las decisiones tomadas en los últimos años.
Sin embargo, incluso en el escenario en que se identifiquen distorsiones heredadas, conviene hacer una aclaración fundamental. La existencia de problemas previos no exime de responsabilidad a quienes hoy administran la empresa. Gobernar implica corregir lo que está mal, no normalizarlo ni profundizarlo. Más aún cuando se llegó al poder con un discurso centrado en la transparencia, la eficiencia y el buen uso de los recursos públicos.
Ampliar el análisis hacia períodos anteriores no debilita las conclusiones alcanzadas para 2020–2024. Por el contrario, las fortalece, al situarlas dentro de una trayectoria histórica verificable y al centrar la discusión en la evidencia. En última instancia, se trata de recursos que pertenecen a todos los dominicanos y cuyo uso eficiente tiene implicaciones directas sobre las finanzas públicas.
Porque en la gestión de las empresas públicas, como en la contabilidad, los números no mienten. Y cuando se analizan con serenidad y rigor, ayudan a entender no solo qué está ocurriendo, sino desde cuándo y por qué.
Finanzas para no Financieros.
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