DIARIO FINANCIERO.- Durante décadas, la seguridad global ha operado bajo una premisa clara: Estados Unidos lidera y Europa acompaña. Pero ese equilibrio, que sostuvo el orden occidental desde la Guerra Fría, hoy muestra grietas visibles.
Tensiones con Europa escalan tras guerra en Irán
La crisis surge tras la negativa de varios aliados europeos a respaldar la ofensiva militar estadounidense contra Irán, iniciada hace cinco semanas.
Funcionarios clave de Washington han endurecido el discurso. El secretario de Estado Marco Rubio advirtió que Estados Unidos revisará el valor estratégico de la alianza una vez finalice el conflicto.
En la misma línea, el secretario de Defensa Pete Hegseth afirmó que la guerra ha expuesto debilidades estructurales en la cooperación militar transatlántica.
El mensaje es consistente: la Casa Blanca cuestiona si la OTAN sigue siendo un acuerdo equilibrado o si se ha convertido en un esquema de costos unilaterales para Washington.
Europa limita apoyo militar y acceso estratégico
El detonante inmediato fue la negativa de Italia a permitir el uso de la base aérea de Sigonella para operaciones vinculadas al conflicto.
Otros países también han endurecido su postura:
- España restringió su espacio aéreo a operaciones militares estadounidenses.
- Francia limitó el acceso a infraestructuras clave.
Estas decisiones reflejan una fractura operativa dentro de la alianza, donde los mecanismos de defensa colectiva no están alineados con intervenciones ofensivas fuera del territorio europeo.
Para Estados Unidos, esto representa un problema estratégico: la OTAN funciona como red logística global, y sin acceso a bases y corredores aéreos, la proyección militar se debilita significativamente.
¿Estrategia de presión o ruptura real del orden occidental?
La guerra contra Irán, iniciada el 28 de febrero, parece acercarse a su fase final, con estimaciones oficiales que apuntan a una conclusión en dos o tres semanas.
Sin embargo, el verdadero conflicto podría comenzar después.
Trump ha calificado a la OTAN como un “tigre de papel”, cuestionando su utilidad en escenarios donde Estados Unidos no recibe respaldo directo.
La interrogante central es si esta postura responde a una estrategia de negociación para forzar mayor compromiso europeo o si anticipa una retirada real.
Un eventual abandono de la OTAN implicaría:
- Reconfiguración del sistema de defensa global
- Mayor presión fiscal en Europa para aumentar gasto militar
- Redefinición del liderazgo geopolítico occidental
















