El Papa Francisco, de 88 años, se encuentra en estado crítico tras sufrir complicaciones respiratorias derivadas de una neumonía bilateral, informó hoy la Oficina de Prensa del Vaticano. En el parte médico difundido esta tarde, se detallan los desafíos que enfrenta el Pontífice, entre los que destacan una crisis respiratoria asmática prolongada y una condición de trombocitopenia que ha requerido la administración de transfusiones de sangre.
Según el reporte, el Papa experimentó durante la mañana una severa crisis asmática que obligó a los médicos a iniciar el uso de oxígeno de alto flujo, una medida crítica para evitar la intubación y la necesidad de ventilación mecánica. Este tratamiento se utiliza para incrementar la concentración de oxígeno en la sangre y superar las obstrucciones en la vía aérea, un factor crucial en pacientes con antecedentes de enfermedades respiratorias obstructivas. Aunque sus parámetros hemodinámicos se mantienen estables, la persistencia de la crisis respiratoria y la presencia de complicaciones médicas han condicionado un pronóstico reservado.
El parte médico también señala que, además de la crisis asmática, se han detectado niveles bajos de plaquetas, lo que se conoce clínicamente como trombocitopenia. Esta condición, fundamental para el proceso de coagulación sanguínea, ha exigido intervenciones inmediatas en forma de transfusiones para estabilizar el estado del Papa y prevenir complicaciones mayores, como posibles hemorragias internas. Los especialistas subrayan que en pacientes de edad avanzada y con un historial de problemas respiratorios, la combinación de una neumonía bilateral y la disminución de plaquetas puede incrementar el riesgo de una propagación de la infección a otros órganos.
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Expertos en la materia han explicado que el cuadro clínico del Pontífice se agrava por antecedentes previos de afecciones respiratorias. Se sabe, por ejemplo, que a los 20 años se sometió a la extirpación del lóbulo superior del pulmón derecho, lo que lo hace particularmente vulnerable ante infecciones respiratorias. El uso del oxígeno de alto flujo, en este contexto, no solo se orienta a incrementar la oxigenación, sino que también actúa como una barrera preventiva para evitar la progresión hacia una ventilación mecánica invasiva, la cual implicaría mayores riesgos en un paciente de su edad.
El parte médico del Vaticano enfatiza que, a pesar de la gravedad de la situación, las constantes monitorizaciones y el tratamiento médico especializado buscan preservar la estabilidad de los parámetros vitales del Pontífice. No obstante, la conjunción de una crisis respiratoria aguda, complicaciones hematológicas y un antecedente de enfermedades pulmonares hacen que el cuadro clínico del Papa se mantenga en una situación de riesgo considerable.
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En este contexto, la administración oportuna de tratamientos como las transfusiones de sangre y el oxígeno de alto flujo se presenta como una estrategia clave para contrarrestar los efectos de la neumonía bilateral. Las autoridades médicas de la Santa Sede continúan evaluando la evolución del cuadro clínico y actualizando a los medios de comunicación, en un esfuerzo por mantener informada a la comunidad internacional sobre el estado del máximo representante de la Iglesia Católica.
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