El alto costo de la vida continúa golpeando con fuerza el presupuesto de las familias dominicanas. Cada visita al supermercado, cada factura de servicios, cada compra cotidiana se siente más pesada. Y aunque el gobierno ha ensayado diversas medidas, el alivio real sigue sin llegar al bolsillo.
En este contexto, una propuesta sencilla, pero de alto impacto podría marcar la diferencia, declarar dos o tres días al año libres del Impuesto sobre la Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios (ITBIS). Una especie de “feria nacional sin impuestos”, donde los consumidores compren sin el 18 % que normalmente grava casi todo lo que adquirimos.
Esta medida es un alivio directo al ciudadano, no es un simple gesto político, es una inyección inmediata de poder adquisitivo. En esos días, una familia podría ahorrar miles de pesos en alimentos, electrodomésticos o artículos del hogar. Sería una forma concreta de devolverle a la gente una parte de lo que paga durante todo el año.
Además, el efecto psicológico sería enorme, los dominicanos sentirían que el Estado les devuelve algo tangible, no solo promesas. Se generaría entusiasmo, consumo planificado y confianza en la economía.
Para el sector comercial, es un impulso para el comercio, ese día se dinamizan los negocios, especialmente las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES), estos días libres de ITBIS serían una oportunidad de oro. Las ventas se dispararían, los inventarios rotarían con mayor velocidad y se activarían sectores complementarios como transporte, publicidad y logística.
El comercio formal se vería fortalecido frente al informal, lo cual beneficiaría al propio sistema tributario a mediano plazo, pues más negocios optarían por regularizarse para participar del programa.
Para el Estado, la iniciativa sería una muestra de empatía, modernidad y compromiso con el bienestar colectivo, una señal de sensibilidad y liderazgo. Lejos de ser un sacrificio fiscal sin sentido, sería una inversión social en confianza, un mensaje de que el gobierno entiende las angustias de las familias y actúa con creatividad.
En lugar de discursos o subsidios pasajeros, esta acción tendría un impacto visible y medible. Y en política económica, pocas cosas pesan más que eso.
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Las fechas estratégicas para estos días sin ITBIS y para un mayor impacto podrían coincidir con momentos clave del año, cuando las familias enfrentan los mayores gastos, las festividades navideñas, para dinamizar el comercio local o fechas patrias, reforzando el sentido de comunidad y optimismo nacional, días de las madres, del padre, o el día de San Valentín etc.
Así, la medida tendría no solo un efecto económico, sino también un valor simbólico y emocional para la población.
En un país donde el esfuerzo diario es la norma y el dinero alcanza cada vez menos, un respiro como este no sería un lujo, sino un acto de justicia social que todos merecemos.
El Estado tiene la oportunidad de enviar un mensaje claro, que no solo recauda, sino que también devuelve esperanza.
La pregunta, entonces, no es si podemos hacerlo, sino si podemos seguir sin hacerlo.
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