Desde el 29 de enero, varios paquetes entraron en una dimensión paralela. No llegaron, no regresaron y, por ahora, no existen. Al menos físicamente.
La versión oficial de Aeropaq es parca, y poco tranquilizadora: “problemas con la aerolínea”. Una explicación breve, repetible y, sobre todo, resistente a cualquier repregunta.
El inconveniente, según la empresa, no es exclusivo. Afecta a “varios courriers”. Sin embargo, los usuarios —ese incómodo grupo que paga y espera— reportan que en otras compañías los paquetes siguen llegando puntualmente, como si el problema aéreo tuviera preferencias selectivas.
Cuando se plantea esta contradicción, la respuesta es más parca: “ellos usan otra aerolínea”. Punto final. No hay cronograma, no hay plan de contingencia, no hay estimación. Solo la certeza de que el paquete sigue en algún lugar del mundo, probablemente reflexionando sobre logística.
La incógnita no es menor. ¿Cuándo se restablecerá el servicio? ¿Existe una causa de fuerza mayor real? ¿O simplemente se normalizó el silencio como política operativa?
















