Santo Domingo. – El apagón del lunes 23 de febrero fue un blackout casi general del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI), que dejó al país operando por debajo del 20% de su capacidad durante varias horas.
El Ministerio de Energía y Minas atribuyó el evento al disparo en la línea de transmisión de 138 kV Hainamosa–Villa Duarte, lo que provocó una falla mayor en el sistema de transmisión.
Según datos oficiales preliminares, la contingencia sacó de coordinación más de 2,500 MW de capacidad instalada, generando un colapso operativo de gran escala.
Recuperación Con Arranque En Negro
La reposición del sistema se realizó mediante protocolos de “arranque en negro”, apoyados principalmente por centrales hidroeléctricas para reiniciar progresivamente la red.
Hacia las 3:00 p. m. se había restablecido aproximadamente un tercio del sistema, mientras que la normalización total se aproximó hacia la medianoche.
El ministro Joel Santos confirmó que se realizará una investigación técnica detallada para determinar causas profundas y eventuales responsabilidades.

Reacciones Políticas Y Sociales
El Gobierno, a través del Ministerio y la Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED), reiteró que se trató de una “falla mayor” en transmisión y defendió la activación inmediata de protocolos de recuperación.
Desde la oposición, figuras como Leonel Fernández y Omar Fernández plantearon que el evento confirma debilidades estructurales y falta de modernización del sistema, especialmente tras el apagón de noviembre de 2025.
Organizaciones como el Frente Amplio hablaron de “crisis estructural” y exigieron un informe técnico independiente.
La Policía Nacional reforzó patrullajes en zonas comerciales y bancarias para prevenir incidentes durante la interrupción.
Impacto Económico Inmediato
Aunque no existe aún una cifra oficial consolidada, los efectos son claros:
Comercios urbanos operaron con plantas eléctricas, elevando costos de combustible.
Talleres, imprentas y colmados reportaron pérdidas por inventarios refrigerados.
Industria ligera y servicios financieros enfrentaron interrupciones operativas y horas-hombre perdidas.
Para pequeñas y medianas empresas, cuya liquidez depende del flujo diario, un evento de esta magnitud erosiona márgenes y capital de trabajo.
Riesgo País Y Señal A Inversionistas
Este es el segundo blackout masivo en menos de cuatro meses. Desde la perspectiva de infraestructura crítica, la repetición de eventos de esta escala afecta la percepción de resiliencia del sistema eléctrico dominicano.
Para sectores como turismo, nearshoring, BPO y parques industriales, la estabilidad energética es un factor clave en decisiones de inversión. Fallas recurrentes pueden:
Incrementar primas de seguros.
Elevar el costo de capital.
Aumentar exigencias de respaldo privado (plantas y baterías).
Más allá del costo operativo inmediato, el impacto reputacional genera presión para que el Gobierno presente un plan creíble de inversiones en transmisión, redundancia y automatización.
La lección técnica es evidente: un disparo en una sola línea no debería tumbar casi todo el SENI. El desafío es convertir este evento en punto de inflexión estructural y no en una estadística más.
















