Washington.– Estados Unidos ha planteado a Ucrania una fórmula de “garantías de seguridad” que imita el espíritu del artículo 5 de la OTAN, aunque sin ofrecer la adhesión formal de Kiev a la Alianza Atlántica. Según fuentes diplomáticas, esta propuesta fue comunicada con el consentimiento previo del presidente ruso, Vladimir Putin, y discutida tanto en conversaciones telefónicas entre Donald Trump y Volodímir Zelenski, como en reuniones con líderes europeos.
La iniciativa busca equilibrar dos objetivos: otorgar a Ucrania un nivel de protección frente a futuras agresiones rusas y, al mismo tiempo, evitar una confrontación directa con Moscú derivada de la expansión formal de la OTAN hacia el este.
Un modelo inspirado en la defensa colectiva
El planteamiento toma como referencia el mecanismo de defensa colectiva de la OTAN, que establece que un ataque contra un miembro es considerado un ataque contra todos. No obstante, en lugar de integrar a Ucrania en la Alianza, las garantías se articularían mediante acuerdos bilaterales entre Washington y Kiev, con la posibilidad de que se sumen otros países occidentales.
De acuerdo con la propuesta, la OTAN no estaría implicada directamente. Así lo enfatizó el presidente francés Emmanuel Macron, quien explicó que las garantías se limitarían a Estados Unidos y a los aliados de Ucrania que decidan respaldar el esquema. Este matiz intenta responder a la principal objeción de Rusia: la percepción de que una membresía ucraniana en la OTAN constituiría una amenaza existencial para su seguridad.
Kiev exige compromisos robustos
Las condiciones específicas de estas garantías aún no están definidas y se prevé que sean discutidas en futuras reuniones de alto nivel entre los gobiernos de Estados Unidos y Ucrania. Kiev, por su parte, ha reiterado que no aceptará fórmulas simbólicas y que necesita compromisos sólidos que disuadan a Moscú de nuevas agresiones, especialmente en un escenario de eventual cese al fuego.
En paralelo, Ucrania mantiene como objetivo la recuperación de todo su territorio, aunque fuentes estadounidenses consideran poco probable que esta meta se logre en el corto plazo bajo el marco de estas garantías.
La posición de Washington y Moscú
Estados Unidos ha dejado claro que no contempla el despliegue de tropas propias en suelo ucraniano, lo que reduce el alcance práctico de estas garantías en comparación con la protección plena que brinda la OTAN a sus miembros. Sin embargo, el plan representa un paso intermedio: otorgar a Ucrania un paraguas de protección política y militar, sin que implique comprometer a la Alianza Atlántica en un conflicto directo con Rusia.
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Moscú, por su parte, mantiene su oposición tanto a la adhesión de Ucrania a la OTAN como a cualquier acuerdo internacional que refuerce la soberanía territorial de Kiev. Para el Kremlin, incluso un esquema bilateral de seguridad es visto con cautela, pues podría consolidar la influencia occidental en un país que considera parte de su esfera estratégica.
Una vía compleja y aún incierta
La propuesta estadounidense refleja la búsqueda de un equilibrio diplomático delicado: proteger a Ucrania de manera creíble, sin cruzar las líneas rojas trazadas por Rusia. El desenlace dependerá de la capacidad de Washington y sus aliados para definir un mecanismo efectivo y aceptable para Kiev, al tiempo que eviten una escalada mayor en la región.
En definitiva, las garantías de seguridad propuestas se perfilan como un puente entre la aspiración de Ucrania de integrarse plenamente en Occidente y la necesidad de contener las tensiones con Rusia. Aunque el alcance concreto de estas medidas está aún por definirse, su sola discusión revela el grado de complejidad que domina el tablero geopolítico europeo.
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