DIARIO FINANCIERO.- El mercado energético global arrancó la semana con una señal clara: el petróleo vuelve a superar la barrera psicológica de los 100 dólares por barril, impulsado por el deterioro del entorno geopolítico en Oriente Medio.
El contrato de WTI se ubicó en torno a US$100.60, con una subida cercana al 1% en la jornada, consolidando una tendencia alcista que se ha intensificado durante marzo.
En paralelo, el Petróleo Brent —referencia global— se movió entre US$114.97 y US$116.23 por barril, con avances diarios de hasta 3.25%, niveles que no se observaban desde mediados de 2022.
La escalada ha sido progresiva pero consistente. Tras una caída abrupta el 24 de marzo, el mercado revirtió rápidamente la tendencia y encadenó varias jornadas de recuperación, acumulando un alza semanal superior al 5%.
El trasfondo es eminentemente geopolítico. La tensión con Irán se ha convertido en el principal catalizador del mercado, elevando el riesgo de interrupciones en rutas clave de suministro como el Estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio global de crudo.
El escenario se agrava con señales de escalada militar. Estados Unidos evalúa aumentar su presencia en la región, mientras se mantiene la presión sobre infraestructura energética iraní, lo que incrementa la prima de riesgo en los precios.
Desde una perspectiva de mercado, el movimiento no es menor. El Brent acumula un alza cercana al 78% en 2026, mientras el WTI supera el 76%, revirtiendo la caída de hasta 20% registrada en 2025.
El mensaje para inversores y economías es directo: el petróleo vuelve a ser un factor de presión inflacionaria y volatilidad global. Cada incremento en el precio del crudo tiene efectos inmediatos en transporte, energía y costos industriales.
















