El mercado de metales preciosos cerró 2025 con cifras históricas que reconfiguran el debate sobre refugio, inflación y política monetaria global. Tanto el oro como la plata alcanzaron máximos nunca vistos, impulsados por factores financieros y geopolíticos que siguen marcando la agenda económica internacional.
El oro al contado se negocia en un rango de US$4,480–4,500 por onza, con un máximo histórico cercano a US$4,500registrado en diciembre de 2025. En términos anuales, el metal dorado acumula una apreciación aproximada de 70%, consolidando su rol como activo defensivo frente a la incertidumbre global.
La plata, tradicionalmente más volátil, ha superado incluso ese desempeño. El metal cotiza alrededor de US$69–70 por onza, marcando también un récord histórico, con un alza anual de 130–140%, su mejor rendimiento desde finales de los años 70.
Entre los principales catalizadores del rally destacan las expectativas de recortes adicionales de tasas en 2026 por parte de la Reserva Federal. La anticipación de tasas reales más bajas reduce el atractivo relativo de bonos y efectivo, favoreciendo activos que no pagan interés, como los metales preciosos.
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A esto se suma un dólar más débil, que abarata el precio del oro y la plata para compradores fuera de Estados Unidos, impulsando la demanda internacional. Paralelamente, se mantienen compras sostenidas de bancos centrales, junto a flujos defensivos asociados a tensiones geopolíticas, conflictos regionales y crecientes dudas fiscales en economías desarrolladas y emergentes.
Para el inversionista, el contexto es tan atractivo como desafiante. Los precios actuales reflejan niveles históricamente elevados, por lo que el retorno futuro dependerá en gran medida de que se mantengan tasas reales bajas y la narrativa de refugio siga dominante.
La volatilidad, especialmente en la plata, se ha intensificado. Movimientos diarios de 3–5% se han vuelto frecuentes, elevando tanto el potencial de ganancia como el riesgo. En este escenario, los analistas recomiendan entradas graduales, horizontes de largo plazo y una definición clara del rol del metal dentro del portafolio: cobertura estratégica o apuesta táctica, más que intentar anticipar el punto máximo del ciclo.
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