En un giro estratégico hacia el comercio internacional, el gobierno de Estados Unidos ha propuesto un sistema de aranceles recíprocos que ajusta los impuestos de importación aplicados a productos extranjeros según los aranceles que esos mismos países imponen a los bienes estadounidenses. Esta propuesta busca reducir los desbalances comerciales estructurales que afectan la competitividad de los productos hechos en EE.UU., y ya genera debate en círculos económicos y políticos.
La política de aranceles recíprocos de Estados Unidos propone que si un país impone tarifas altas a las exportaciones estadounidenses, Washington respondería con un porcentaje equivalente —generalmente ajustado a la mitad— sobre los productos importados desde ese país. Esto afectaría directamente a socios comerciales con políticas restrictivas, como Vietnam (90%), Cambodia (97%), Myanmar (88%) y Bangladesh (74%), cuyos aranceles a productos estadounidenses superan con creces el promedio global.
Según el gráfico oficial divulgado por el gobierno, los nuevos aranceles propuestos serían de 46% para Vietnam, 49% para Cambodia y 44% para Myanmar y Sri Lanka. En el caso de China, que impone un arancel de 67% a productos estadounidenses, se aplicaría una tarifa recíproca del 34%.
Por otro lado, países con una relación comercial más equilibrada y aranceles bajos —como Reino Unido, Chile, Colombia, Arabia Saudita o Australia— mantendrían tarifas reducidas del 10%, promoviendo relaciones bilaterales estables.
Un modelo de reciprocidad con efectos geopolíticos
Esta política se enmarca en una estrategia de defensa comercial con implicaciones tanto económicas como geopolíticas. En un contexto donde las guerras arancelarias y los subsidios distorsionan el mercado global, EE.UU. busca proteger a su industria manufacturera frente a prácticas consideradas desleales o manipuladoras.
Analistas advierten que, aunque la medida podría mejorar la balanza comercial y beneficiar a sectores clave como el acero, los textiles y la agricultura, también podría provocar represalias por parte de los países afectados y tensionar aún más las relaciones con economías emergentes asiáticas.
A su vez, este tipo de medidas obliga a redefinir las negociaciones bilaterales con bloques económicos como la Unión Europea, que actualmente impone un arancel promedio del 39% a los productos estadounidenses, frente al 20%recíproco propuesto.
¿Qué países se beneficiarían del nuevo enfoque?
Entre los países que mantendrían un arancel parejo del 10% se encuentran aliados estratégicos como Brasil, Argentina, República Dominicana, Turquía, Perú, y Nueva Zelanda. Este enfoque reconoce los acuerdos de cooperación comercial existentes y busca preservar relaciones estratégicas en sectores como la energía, el turismo, la inversión extranjera y la seguridad regional.
En contraste, naciones como Madagascar, Laos y Kazakhstan verían sus productos afectados con aranceles que van desde 47% hasta 48%, lo que podría frenar exportaciones clave de estos países hacia EE.UU.
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