Salir temprano y trasladarse en un vehículo de motor de un punto a otro en la ciudad de Santo Domingo es un verdadero dolor de cabeza y la causa principal del estrés y la ansiedad para la mayoría de los pobladores del Distrito Nacional y el Gran Santo Domingo, para no mencionar otras ciudades como Santiago, San Francisco y San Pedro de Macorís.
Un trayecto que en condiciones normales nos toma quizás diez o quince minutos, con la situación del tránsito actual, nos puede tomar una hora o dos; y ni hablar de las personas que tienen que entrar o salir de la ciudad procedentes del Gran Santo Domingo y San Cristóbal que se toman entre dos y tres horas para llegar a sus destinos.
Y es que la situación es realmente estresante, preocupante y sumamente perjudicial para la salud tanto física como mental, ya que no solo nos enfrentamos a las largas filas de vehículos y al tiempo de espera, sino a los conductores que entienden que la ley de tránsito y la Constitución de la República no aplican para ellos.
Siendo sinceros en esta ciudad es normal ver muchos motoristas sin casco, sin placa, sin luces; así como los camiones de carga con las gomas gastadas y sin luces, y ni hablar de las llamadas voladoras y los carros públicos, quienes andan como chivos sin ley, como si las calles fueran solo para ellos, desplazándose a alta velocidad y cometiendo todo tipo de imprudencias.
Por otro lado, las autoridades parecen tener una ley especial para carros y guaguas públicas, ya que pareciera que no se les exige las mismas condiciones que a los vehículos privados. Solo hay que pararse cinco minutos, por ejemplo, en la 27 de Febrero con Isabel Aguiar (Pintura), para ver como cada segundo se infringe la ley de tránsito y los agentes, en muchas ocasiones, se hacen de la vista gorda ante estas violaciones de los llamados “padres de familia”. Aunque siendo honestos, con el dominicano, no hay quien pueda.
Según World Statistics, República Dominicana ocupó el primer lugar en 2024, entre los países de mayor tasa de accidentes de tránsito con unas 65 muertes por cada 100,000 habitantes; otros estudios establecen un promedio por año de 3000 muertes en el País, producto de accidentes de tránsito, siendo los motoristas y peatones los de mayor riesgo de mortalidad.
La ley 63- 17 sobre Tránsito, Transporte y Seguridad Vial en su artículo 28 crea la Escuela Nacional de Educación Vial y en su artículo 29 establece las atribuciones de la misma, entre las cuales mencionaremos solo una:
“Establecer las políticas públicas de la enseñanza de la educación vial para concientizar y prevenir las inconductas derivadas de la movilidad, el transporte, el tránsito y la seguridad vial.”
Consideramos que uno de los aspectos principales para disminuir los accidentes y mejorar el tránsito tiene que ver con la educación y el nivel de concientización a los ciudadanos, quienes deberían recibir la enseñanza sobre educación vial desde la edad escolar, además de promover a través de los medios de comunicación (radio, televisión y redes sociales) la importancia del cumplimiento de la ley 63-17 y las consecuencias de no hacerlo.
Finalmente, poner como ejemplo países como Corea del Sur, Taiwán, Colombia y Estados Unidos, donde además de la educación y el respeto a las leyes de tránsito, cuentan con un sistema de transporte público organizado y un régimen de consecuencia apoyado con herramientas tecnológicas como la videovigilancia, sensores de velocidad y un sistema de foto multas, que consiste en cámaras con capacidad de capturar la placa de un vehículo cuyo conductor comete una infracción, sin importar la velocidad del mismo.
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