DIARIO FINANCIERO.- El mercado energético volvió a reaccionar con fuerza tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien advirtió que Estados Unidos intensificará los ataques contra Irán en las próximas semanas.
El efecto fue inmediato. El Brent superó los US$106 por barril y el WTI rebasó los US$104, con alzas cercanas al 4% en una sola jornada, reflejando un aumento en la prima de riesgo geopolítico.
Este movimiento rompe con el optimismo observado días antes, cuando el mercado apostaba por una posible desescalada. El nuevo tono del discurso confirma un escenario de conflicto prolongado, con implicaciones directas sobre la estabilidad energética global.
Un mercado que descuenta guerra, no paz
El giro en la narrativa de la Casa Blanca eliminó las expectativas de una resolución rápida. En lugar de un cierre del conflicto, los inversionistas ahora proyectan mayor presión sobre la oferta global de crudo.
Las bolsas internacionales reaccionaron en negativo. Los futuros en Estados Unidos y Europa cayeron más de 1.2%, mientras Asia registró pérdidas generalizadas, evidenciando un ajuste simultáneo en activos de riesgo.
El Estrecho De Ormuz, El Punto Crítico
El elemento central del mercado es el Estrecho de Ormuz, que permanece efectivamente restringido desde inicios de marzo.
Por esta vía circula cerca del 20% del petróleo mundial, lo que convierte cualquier interrupción en un shock inmediato de oferta. En términos prácticos, el mercado está operando bajo un escenario de cuello de botella energético global.

Estados Unidos ha sugerido que la reapertura del paso dependerá del desenlace militar, mientras aliados europeos evalúan una coalición internacional para garantizar la seguridad marítima.
Presión Directa Sobre La Economía
Desde el inicio del conflicto, el crudo acumula un incremento superior al 50%, trasladándose rápidamente a los combustibles.
En Estados Unidos, la gasolina ya supera los US$4 por galón, su nivel más alto desde 2022. Proyecciones de mercado estiman que el Brent podría promediar cerca de US$110 por barril si el conflicto persiste.
Para economías importadoras como República Dominicana, el impacto es estructural. Un petróleo elevado implica mayor presión inflacionaria, incremento en subsidios y encarecimiento del transporte y la energía.
En este contexto, el petróleo deja de ser un indicador sectorial y pasa a convertirse en un determinante macroeconómico clave en el corto plazo.














