DIARIO FINANCIERO.- Durante tres décadas, el crecimiento económico de China fue casi una constante global. Para inversionistas, gobiernos y empresas, el gigante asiático representaba expansión acelerada y demanda creciente.
Hoy el tono cambió.
El gobierno chino fijó su objetivo de crecimiento económico en un rango de 4,5% a 5%, el más moderado desde comienzos de los años noventa. La cifra refleja una realidad que economistas vienen advirtiendo: el modelo que impulsó el ascenso económico del país empieza a mostrar límites estructurales.
Un crecimiento más lento pero más realista
El primer ministro Li Qiang admitió en Pekín que la economía enfrenta desafíos profundos.
Según explicó, existe un desequilibrio entre una oferta productiva fuerte y una demanda interna débil, lo que mantiene frágiles las expectativas del mercado.
La meta de crecimiento de 4,5% a 5% representa la primera reducción formal desde 2023. Economistas internacionales ya anticipaban un ajuste debido a varios factores:
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menor dinamismo de las exportaciones
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crisis prolongada del sector inmobiliario
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desaceleración del empleo y los salarios
Aun así, el crecimiento de 5% registrado el año pasado ya dependió fuertemente del comercio exterior. Las exportaciones explicaron cerca de un tercio de la expansión económica, la proporción más alta desde 1997.
Ese dato revela la vulnerabilidad del modelo actual ante el aumento del proteccionismo comercial global.
El reto de estimular el consumo interno
El gobierno chino ha planteado desde hace años la necesidad de que los hogares consuman más para equilibrar la economía.
Sin embargo, las medidas anunciadas sugieren cautela fiscal.
El programa de subsidios para reemplazar electrodomésticos y vehículos usados fue reducido de 300.000 millones a 250.000 millones de yuanes (aproximadamente US$34.000 millones).
La decisión refleja dos realidades:
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menor efectividad del programa
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consumidores más cautelosos ante la incertidumbre económica
La riqueza de muchos hogares chinos está concentrada en el sector inmobiliario, que atraviesa una crisis prolongada tras la caída de grandes desarrolladoras y el exceso de viviendas.
Como resultado, el efecto riqueza se ha debilitado y el gasto de los hogares permanece moderado.
El sector inmobiliario sigue siendo el punto crítico
Analistas señalan que el consumo difícilmente se recupere sin estabilizar primero el mercado de la vivienda.
Carlos Casanova, economista para Asia en Union Bancaire Privée, sostiene que la transición hacia una economía más basada en consumo será limitada mientras el sector inmobiliario siga en crisis.
Pese a ello, el gobierno mantuvo prácticamente sin cambios su lenguaje político. Pekín promete “estabilizar” el mercado inmobiliario, pero evita hablar de una recuperación completa.
Los mercados financieros reaccionaron con cautela.
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Los rendimientos de los bonos soberanos chinos a 10 años cayeron inicialmente.
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El yuan offshore terminó prácticamente estable.
Los inversionistas interpretaron el plan fiscal como continuidad de la política actual, sin estímulos extraordinarios.
Implicaciones
La reducción del objetivo de crecimiento confirma que China entra en una nueva etapa económica: menos expansión acelerada y más ajustes estructurales.
Para el resto del mundo, la señal es clara. Un crecimiento chino más lento implica cambios en el comercio global, en los mercados de materias primas y en las estrategias de inversión.
Además, la evolución de la relación comercial con Estados Unidos —especialmente en una eventual cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump— podría redefinir el entorno para las exportaciones chinas.
En otras palabras, el verdadero desafío para Pekín ya no es crecer rápido, sino encontrar un nuevo modelo que sostenga su economía en las próximas décadas.
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