Donald Trump le propuso a la presidenta Claudia Sheinbaum ayudar con la producción petrolera de México en varias llamadas telefónicas, según reveló la propia mandataria durante su conferencia de prensa matutina del lunes 19 de octubre en Ciudad de México.
Sheinbaum dejó en claro que la propuesta no está vinculada a ningún acuerdo comercial bilateral y que su respuesta ha sido invariable: México no puede ceder derechos sobre su petróleo. «En todos los casos hemos sido claros. Mr. President: aquí hay una Constitución y leyes, aquí no se puede dar derechos de petróleo», declaró la mandataria. La Constitución mexicana reserva al Estado la propiedad del subsuelo, lo que impide otorgar concesiones petroleras directas a empresas extranjeras.
La producción en su nivel más bajo en cuatro décadas
El trasfondo de la propuesta de Trump refleja la crítica situación de la industria energética mexicana. México produce actualmente 1.7 millones de barriles diarios de crudo, su nivel más bajo en cuatro décadas, producto del declive de sus principales activos. De ese total, cerca del 10% proviene de empresas privadas, mientras que el resto lo opera la compañía estatal Pemex.
Sheinbaum reconoció que algunos funcionarios estadounidenses no comprenden el marco legal mexicano, aunque no precisó nombres; otros, dijo, sí lo entienden y no han insistido en el punto. La presidenta mencionó que existen mecanismos de contratación regulados en la nueva Ley de Pemex que permiten la participación privada sin transferir derechos sobre el recurso. Puso como ejemplo a la multinacional estadounidense Halliburton, que ha operado bajo contratos de servicios con la empresa estatal durante 80 años.
Gas natural, otro frente de la conversación bilateral
Trump también planteó a Sheinbaum un aumento en las compras de gas natural estadounidense. Sin embargo, la administración mexicana aspira a desarrollar sus propios activos de gas, en lugar de profundizar la dependencia de las importaciones. México ya es un importador neto de gas natural, y el 75% de su consumo nacional depende de compras a Estados Unidos mediante gasoductos.
La presidenta mencionó el caso de Sempra Energy y su planta de licuefacción de gas en Ensenada, Baja California, como modelo de participación privada que sí encaja en el esquema legal vigente: la compañía importa gas estadounidense para procesarlo y reexportarlo, principalmente hacia Asia, sin que ello implique cesión de derechos sobre recursos del subsuelo mexicano.
La evolución de estas conversaciones será clave para calibrar el margen que tiene la negociación comercial entre México y Estados Unidos, en un momento en que Pemex sigue deteriorando su base productiva y la demanda energética de Norteamérica gana complejidad geopolítica.







