Pragma celebra este año tres décadas de trayectoria con un acuerdo de colaboración con Amazon Web Services (AWS) que impulsa su expansión y sus proyectos de transformación digital. La alianza contempla una inversión conjunta de US$8 millones, con un aporte de US$4 millones de cada compañía, a ejecutar en los próximos tres años.
En el ecosistema corporativo actual, la inteligencia artificial (IA) suele presentarse como una panacea; sin embargo, muchas organizaciones se frustran al no obtener resultados tangibles. El problema rara vez reside en la tecnología. Lo que falta es método: la capacidad de discernir qué transformar, en qué orden y con qué propósito. Sobre este desafío conversamos con Marcos Vélez Botero, presidente de Pragma S.A., cuya tesis es tan simple como disruptiva: la IA no es el punto de partida; el origen de toda transformación exitosa es el proceso.
Pragma, firma colombiana de transformación digital, acompaña a bancos y a grandes empresas del retail en la modernización de su operación. Su portafolio abarca desde la migración de sistemas a la nube y la gestión de datos hasta la automatización de procesos y la detección de fraudes mediante IA. Con operaciones que se extienden desde Perú hasta Estados Unidos, atiende el mercado dominicano a través de una compañía del grupo.
El impulso de la alianza estratégica
El acuerdo con AWS llega acompañado de un reconocimiento: Pragma fue designada socio de primer nivel (Premier Tier Partner), un estatus que en América Latina ostentan apenas 13 empresas. Según Vélez, esa categoría no se obtiene declarando capacidades, sino demostrándolas con casos reales de transformación que hayan dado resultados a los clientes; en su evaluación se revisaron alrededor de 30.
La inversión conjunta busca mostrar a bancos y comercios distintas rutas de transformación, respaldadas por casos y pruebas reales, para que puedan ver qué es posible antes de emprender el cambio. Para Vélez, el criterio es claro: hay que empezar por los procesos centrales del negocio, los que realmente «mueven la aguja».
La banca: entre el efectivo y la nube
Pese al peso que todavía tiene el efectivo en el mercado dominicano, Vélez ve condiciones favorables para el cambio: un ingreso por habitante de los más altos de la región, que además crece con rapidez, y un regulador que, aunque empezó más tarde que en otros países, viene dando pasos en la dirección correcta. Sin embargo, para aprovechar esa oportunidad, las entidades deben saldar primero lo que él llama «la cuota inicial»: la infraestructura.
Vélez lo explica así: cuando un banco empieza de verdad a sustituir el efectivo, la demanda sobre sus sistemas crece de golpe y se concentra en fechas puntuales, como los días de pago o las campañas. Si la plataforma no resiste esos picos, la confianza del usuario, que es el activo más valioso, se pierde. De ahí la importancia de llevar los sistemas a la nube, donde la capacidad puede ampliarse cuando la demanda lo exige.
A esto se suma la necesidad de un gobierno de datos sólido, es decir, información centralizada y administrada con reglas claras. Sin esa base, cualquier intento de implementar agentes de IA (programas capaces de ejecutar tareas por sí solos) carecerá de control y efectividad, y puede convertirse más en un riesgo que en una ventaja competitiva.
Cultura y experiencia: los pilares del éxito
Para Vélez, la rentabilidad de la inversión tecnológica depende de aplicarla a los procesos centrales del negocio. Avanzar a cuentagotas en áreas marginales solo diluye el impacto, porque la inversión inicial es alta. El éxito, asegura, depende además de dos factores que no son tecnológicos:
- Liderazgo desde la alta dirección: la transformación requiere el respaldo de la junta directiva y de todo el comité de dirección. «Estas no son cosas que arrancan de abajo hacia arriba», afirma.
- Aprovechar lo aprendido en otros mercados: muchos de los desafíos de la banca regional ya han sido resueltos en otros países. Apoyarse en esa experiencia permite aplicar soluciones probadas en lugar de inventar la rueda.
Finalmente, el motor de Pragma son sus más de 1,200 «pragmáticos». En una industria donde el talento es volátil, la firma apuesta por el aprendizaje acelerado y por reconocer en el salario lo que cada persona aprende. «Lo único que la empresa tiene de verdad es la manera en que su gente conversa y aprende», concluye Vélez.
Como reflexión final, la inteligencia artificial es un elefante grande que hay que cortar en pedazos, empezando por el que más importa. Al final del día, la transformación es humana o no es.








