El líder del partido conservador Los Republicanos, Bruno Retailleau, exigió este domingo al presidente Emmanuel Macron que decrete el estado de emergencia en Francia para contener los graves disturbios desatados el sábado 17 de octubre durante multitudinarias protestas sociales.
«Le pido solemnemente que asuma sus responsabilidades y decrete el estado de emergencia para proteger a los franceses», publicó Retailleau en redes sociales, en respuesta al mensaje a la nación que Macron dirigió a través de la televisión pública.
La reacción al discurso de Macron
El dirigente conservador calificó de «muy preocupante» el mensaje televisivo del mandatario y cuestionó su autoridad para gestionar la crisis. «El Presidente de la República parece totalmente desbordado, incapaz de oponer la fuerza del Estado al desorden que amenaza a la República», argumentó Retailleau.
Minutos antes de publicar ese mensaje, el político había difundido un extenso comunicado en el que ya reclamaba la declaración del estado de emergencia «como en 2005», cuando, según recordó, esa medida «contribuyó a la vuelta a la calma» durante los disturbios que sacudieron entonces los suburbios franceses.
Las medidas concretas que propone
Retailleau detalló que el estado de emergencia permitiría a los prefectos y a las fuerzas del orden «actuar antes» de que los desórdenes se consoliden. Entre las medidas concretas que contempla figuran la imposición de toques de queda, la restricción de movimiento en zonas y horarios de riesgo, el arresto domiciliario de personas identificadas como «cabecillas» y la disolución de los grupos que, según sus palabras, «organicen o provoquen esta violencia».
El líder conservador planteó además que esa declaración debería funcionar como paso previo para la aprobación de una ley que institucionalice todas estas excepciones con el fin de combatir el vandalismo y los saqueos, «como ya se ha hecho con el terrorismo».
La exigencia de Retailleau eleva la presión sobre Macron en un momento en que el Gobierno francés enfrenta uno de sus episodios de tensión social más agudos en años. La respuesta del Ejecutivo ante esa presión y la decisión sobre si se activa o no el estado de emergencia marcarán el curso de la crisis en los próximos días.










