Santo Domingo acumula décadas de cables aéreos que hoy forman una telaraña sobre sus calles, y transformar ese paisaje en redes subterráneas costaría entre US$2,000 y US$3,000 millones si se interviene el Gran Santo Domingo de forma integral, según estimaciones orientativas basadas en referencias internacionales.
El problema no es únicamente que los cables estén arriba, sino que se han ido agregando redes sin reorganizar suficientemente las anteriores. Electricidad, telefonía, internet y televisión por cable comparten el espacio de los postes; al sustituir instalaciones, parte del cableado viejo queda abandonado en lugar de retirarse. La expansión de la ciudad no ha ido acompañada de suficiente coordinación ni fiscalización. Ese desorden acumulado es la razón por la que el problema no puede resolverse solo con ordenar los cables de las distribuidoras eléctricas: una parte importante del entramado corresponde a telecomunicaciones.
Por qué los cables siguen en los postes
Instalar cables en postes resulta más económico y rápido que soterrarlos. Llevar las redes bajo tierra exige mucho más que excavar una zanja: requiere equipos y materiales especializados, perforaciones, coordinación entre servicios y restauración de aceras y pavimento. Florida Power & Light (FPL), la distribuidora que opera en el área de Miami, reconoce que las instalaciones subterráneas normalmente cuestan más que las aéreas.
En Santo Domingo hay una dificultad adicional: debajo de las calles ya existen tuberías, drenajes y otras instalaciones que condicionan dónde y cómo puede soterrarse. El subsuelo disponible no es un espacio en blanco.
Tampoco las redes subterráneas son inmunes a fallas. Pueden sufrir inundaciones, y algunas averías tardan más en localizarse y repararse que en un tendido aéreo. El soterramiento mejora la apariencia urbana y la protección frente al viento y objetos voladores en tormentas, pero no elimina todos los apagones.
Qué dicen los costos internacionales
Como referencia, en California se han citado costos de entre US$3 millones y US$5 millones por milla para soterrar líneas eléctricas, equivalentes a aproximadamente US$1.9 millones a US$3.1 millones por kilómetro. Esas cifras no son directamente aplicables a República Dominicana ni incluyen necesariamente la migración conjunta de electricidad, internet y telefonía.
Usando un supuesto conservador de US$2 millones a US$3 millones por kilómetro intervenido, la escala del proyecto sería la siguiente:
| Longitud hipotética | Costo ilustrativo |
|---|---|
| 10 km | US$20–30 millones |
| 100 km | US$200–300 millones |
| 500 km | US$1,000–1,500 millones |
| 1,000 km | US$2,000–3,000 millones |
Estos son escenarios aritméticos, no estimaciones de la longitud real de Santo Domingo ni cotizaciones locales. Un mismo corredor puede tener varios circuitos y redes superpuestas, lo que eleva considerablemente el costo por kilómetro real intervenido.
El presupuesto real tendría que contemplar ductos, registros y cables nuevos; la migración de redes de empresas de telecomunicaciones; la adaptación de las conexiones de viviendas y comercios; excavación, reposición de aceras y pavimento, y el retiro de los tendidos viejos y los postes que queden sin función. FPL advierte que la reubicación de otros servicios, los trabajos eléctricos en propiedades y la restauración de superficies pueden representar costos adicionales significativos.
Cuánto tiempo tomaría
Los proyectos internacionales comparables sugieren que conviene pensar en décadas, no en años. Palm Beach inició en 2017 un programa de US$128 millones para soterrar electricidad, telefonía y televisión por cable con terminación prevista para 2027: diez años de ejecución. En Coral Gables, FPL prevé completar aproximadamente el 40% de la conversión de redes de vecindarios en diez años y el resto hacia el año 30, y además no planea soterrar todas las líneas principales.
Para Santo Domingo no existe un cronograma integral publicado. Como escenario orientativo de planificación, soterrar un sector o circuito tomaría alrededor de dos años entre diseño, coordinación y construcción. Un programa amplio en el Distrito Nacional requeriría entre 10 y 20 años con múltiples frentes simultáneos y financiamiento sostenido. Una transformación integral del Gran Santo Domingo se extendería 20 a 30 años o más.
Por qué no basta con abrir las calles y enterrar los cables: primero hay que construir una red nueva y ponerla en servicio, desconectar la vieja y, finalmente, retirar cables y postes en desuso. Además, soterrar la electricidad no elimina automáticamente los cables de internet o televisión que siguen colgados del mismo poste. Incluso Coral Gables documenta dificultades para coordinar esa retirada con las empresas de telecomunicaciones.
Ante esa realidad, existe una distinción práctica entre dos tareas de distinta escala y urgencia: retirar y ordenar el cableado abandonado, algo que mejora el paisaje a corto plazo y a un costo muy inferior, y financiar el soterramiento por sectores como una transformación de largo plazo. En esa línea, se ha anunciado una iniciativa para retirar y reorganizar aproximadamente 300 kilómetros de cableado aéreo en desuso en sectores de la capital, una medida que no sustituye al soterramiento integral pero que puede avanzar sin esperar a que ese proyecto de décadas arranque. Lo que ocurra con esos 300 kilómetros, y con qué velocidad y presupuesto se ejecute, será la primera señal concreta de cuánto peso real tiene la voluntad de transformar el paisaje urbano de Santo Domingo.







