Los fondos extranjeros que invierten en Argentina están muy cautos con los activos del país y han reducido considerablemente su exposición a bonos soberanos desde las elecciones legislativas de 2025, según Daniel Chodos, socio y jefe de research de Dhalmore Capital, quien se reunió recientemente con hedge funds y fondos de real money en Nueva York.
Las dudas de estos inversores no giran en torno a la continuidad del ministro de Economía, Luis Caputo, un tema que Chodos califica como «ruido en el mercado y nada más». Lo que realmente mueve las posiciones es la incertidumbre política de cara a 2027, la ausencia de un motor claro de crecimiento económico y la estrategia del Banco Central (BCRA) con el tipo de cambio y la acumulación de reservas. Para los tenedores de deuda argentina y los inversores regionales, estos tres interrogantes definen el horizonte de riesgo del país en los próximos 12 a 18 meses.
Primera pregunta: ¿Quién enfrenta a Milei?
«Una de las preguntas más frecuentes que recibimos [por parte de hedge funds] fue ¿contra quién se va a enfrentar Milei? ¿Quién es la oposición hoy en día? Y la respuesta es que no está claro para nada», relató Chodos en entrevista con Bloomberg Línea. El espectro opositor es amplio e incluye nombres «que hacía años que no aparecían en los diarios», como Juan Manuel Urtubey y Sergio Uñac, además de Sergio Massa y Axel Kicillof.
Esa falta de definición explica el posicionamiento defensivo del capital externo. Los fondos «están muy, muy livianos» en bonos argentinos, lo que al mismo tiempo crea espacio para recomprar si el panorama político se aclara y la actividad económica repunta. «Hoy no hay apetito significativo del lado de los fondos de afuera para agregar posiciones», dijo Chodos, aunque señaló que los precios de los bonos «siguen mostrando cierto sesgo a una continuidad política el año que viene».
El riesgo país argentino escaló desde aproximadamente 415 puntos básicos a comienzos de julio hasta 588 puntos el viernes 9 de octubre, impulsado por la caída de la imagen del Gobierno, la debilidad de la actividad económica y factores externos como el conflicto entre Estados Unidos e Irán, la suba del petróleo y el alza de las tasas largas en Estados Unidos. Chodos describió esa combinación como «la tormenta perfecta»: el equity reaccionó primero y los spreads soberanos se ampliaron con más fuerza en agosto y septiembre.
Segunda pregunta: ¿De dónde sale el crecimiento?
Chodos descompuso el PBI en cuatro componentes. Las exportaciones netas «están volando» y seguirán creciendo. El gasto público, en cambio, no aportará demasiado: el presupuesto 2027 proyecta un superávit primario de 1.3% del PBI, lo que descarta al Estado como motor de demanda.
Los otros dos componentes cargan con «grandes signos de pregunta». La inversión, respaldada por más de 20 proyectos aprobados bajo el RIGI por casi US$50,000 millones, avanzará lentamente tanto por su naturaleza como por la incertidumbre electoral. El consumo, que representa cerca del 70% del producto, enfrenta salarios reales sin tendencia clara de mejora y un crédito que fue un factor de crecimiento en 2024 y parte de 2025 pero que «hoy ya no está» por el pico de la morosidad, que aún debe ceder.
Con todo, Chodos identifica sectores que considera extremadamente resilientes independientemente del resultado electoral. Minería, petróleo y gas aportan hoy casi el 60% de los dólares que vende el agro en los últimos 12 meses, una cifra que pasó «de casi cero a casi US$20,000 millones» en un año y medio o dos. «No pienso que ningún gobierno vaya a querer romper con eso», afirmó. Para el tenedor de bonos, la reducción de la restricción externa que esto implica es también una señal positiva.
Tercera pregunta: el dólar y las reservas
La preferencia de los fondos extranjeros sobre la política cambiaria es clara. «La gran mayoría de fondos de afuera dijeron que ellos optarían por un tipo de cambio más alto y el Banco Central comprando más dólares, que seguir manteniendo el dólar bajo con poca compra», contó Chodos. Esa postura le otorga al Gobierno «el apoyo de la comunidad internacional para seguir acumulando dólares» mediante «un movimiento suave ascendente del tipo de cambio».
La mayor demanda de dinero de noviembre y diciembre genera margen para comprar reservas sin que la expansión monetaria se traslade directamente a precios, según Chodos. Un tipo de cambio apreciado encarece sectores como la construcción y la industria, mientras que petróleo, gas y minería mantienen márgenes altos gracias a sus precios internacionales.
Sobre los precios actuales de los bonos, Chodos fue cauteloso: están «más atractivos que hace un mes atrás, pero no sé si es suficiente» para comenzar a comprar. A un año de las elecciones, a los fondos «les va a costar un poco más tener convicción», y le resulta difícil anticipar que el riesgo país vuelva a 400 o 450 puntos básicos en el corto plazo. En la curva en pesos ve el mismo quiebre: rendimientos bajos hasta 2027 y significativamente más altos desde 2028. El entorno global tampoco ayuda: con el Tesoro de Estados Unidos pagando en torno al 5%, los spreads de todos los activos de riesgo tienden a subir.
Varios fondos criticaron que el Gobierno no haya emitido deuda internacional cuando el riesgo país estaba en 400 puntos, aunque el propio Chodos reconoció que «si hubiese emitido deuda en esos momentos, hoy esos bonos estarían por debajo del precio de emisión». Aun así, varios inversores indicaron que participarían de una nueva colocación argentina si bajan las tasas en Estados Unidos y el riesgo país, «con lo cual la ventana no está completamente cerrada». La única duda pendiente en el frente externo es si el swap de US$20,000 millones con las legislativas de Estados Unidos seguirá disponible, algo que el secretario del Tesoro Scott Bessent y el ministro Caputo ya confirmaron que sí. La señal a seguir en las próximas semanas es cuánto del escenario político de 2027 se define antes de que los fondos decidan regresar a las mesas de negociación.
Fuente: Bloomberglinea









