El empresario Fernando Capellán, fundador de Grupo M y del parque industrial Codevi, reclamó este domingo 11 de octubre que la integración económica con Haití figure como componente central de la estrategia de desarrollo de República Dominicana, al señalar que el Plan RD 2036, orientado a duplicar el tamaño de la economía nacional, no incluye la relación con Haití pese a que ese país compró unos US$1,200 millones en exportaciones dominicanas durante 2025.
El reclamo se produjo durante el cuadragésimo primer período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) 2026, celebrado en la provincia Santiago. Para Capellán, ignorar a Haití como socio económico equivale a dejar sobre la mesa uno de los mercados más accesibles para los productos dominicanos, en particular alimentos y materiales de construcción, y desaprovechar una frontera que, en sus palabras, permite exportar «en carretilla» desde Dajabón.
Una oportunidad de negocios, no de caridad
Capellán habló desde la experiencia de 23 años de operaciones en Haití a través de Grupo M y de Codevi, circuito industrial establecido en territorio haitiano próximo a la frontera norte. Según explicó, ese modelo ha generado entre 18,000 y 19,000 empleos, e incluyó el desarrollo de centros infantiles, escuelas, una policlínica, centros de reforestación y la sustitución del carbón por gas propano en las comunidades del entorno.
«Siempre hemos visto Haití y República Dominicana, especialmente la frontera dominico-haitiana, como oportunidades de negocio, no necesariamente el tema caritativo o de subvenciones, etcétera, sino puro negocio, por eso estamos confiados que se puede atraer capital», afirmó.
El empresario sostuvo que la mano de obra haitiana es necesaria para República Dominicana y que las oportunidades de inversión deben evaluarse desde una perspectiva empresarial. También argumentó que los haitianos, al igual que los dominicanos en la diáspora, aspiran a vivir y desarrollarse en sus propios países, lo que hace más urgente crear empleos en Haití y en la zona fronteriza.
Decisiones por emoción, no por estrategia
Capellán fue directo al señalar por qué la relación bilateral avanza poco: «Ahora mismo las decisiones se están tomando basadas en emociones, no son decisiones estratégicas, muchas son decisiones tácticas, las cuales no solamente tapan un hoyo en un momento principalmente político y no estratégico de mediano y largo plazo», manifestó.
Identificó como uno de los obstáculos centrales la búsqueda de popularidad en redes sociales. «El principal problema que vemos son los likes, los me gusta, punto», declaró, al señalar que empresarios, políticos e influenciadores de ambos países obtienen seguidores al difundir mensajes que enfrentan a dominicanos y haitianos o que promueven temores sobre una supuesta invasión. «Hay un cuco que nos tienen ahí con las redes sociales que impide políticas públicas apropiadas para la mejoría de la gente», sostuvo.
Reconoció como señales positivas los acercamientos entre representantes del sector privado de ambos países y las reuniones entre el ministro dominicano Víctor «Ito» Bisonó y la ministra de Relaciones Exteriores de Haití, aunque subrayó que esos contactos deben traducirse en planes estratégicos concretos.
Manufactura, legislación HOPE/HELP y el papel de Taiwán y EE.UU.
En cuanto al modelo productivo, Capellán destacó el potencial de Haití para concentrar grandes volúmenes de trabajadores en instalaciones industriales. «Hoy en día el único país en este hemisferio que puede crear, que puede tener 2,000 personas trabajando bajo un techo es Haití», afirmó, al referirse a las ventajas del país para el ensamblaje de ropa, zapatos y juguetes.
Mencionó que la legislación estadounidense HOPE/HELP, que otorga condiciones comerciales preferenciales a productos textiles haitianos, fue renovada recientemente por el Congreso de Estados Unidos por dos años y medio, un plazo que consideró insuficiente frente a las renovaciones anteriores de diez años. Por ello defendió avanzar hacia un marco permanente que dé mayor certidumbre a los inversionistas.
Propuso, además, explorar con Taiwán su experiencia en la industria textil y de confección como fuente de inversión productiva, no de donaciones. «Estamos hablando que Taiwán no vaya a dar caridad, es negocio que Taiwán puede tener en Haití», aclaró, y mencionó también la posibilidad de iniciativas de cooperación económica con Brasil. Como referencia internacional, citó el modelo de las Zonas Industriales Calificadas (QIZ) de Egipto y Jordania, que ofrecen acceso preferencial al mercado estadounidense, y planteó que un esquema similar para Haití podría atraer inversión de empresas de ese país.
Capellán advirtió que la recuperación de la seguridad en Haití, si bien necesaria, no será sostenible sin empleos: «Podemos mejorar 100% la seguridad en Haití, pero si no hay empleos no es sostenible». Concluyó que no existe alternativa a la cooperación económica bilateral y llamó a gobiernos, empresarios y actores culturales y deportivos de ambas naciones a comunicarse y trabajar de forma coordinada: «No hay alternativa, no hay alternativa». Los próximos pasos concretos de esa hoja de ruta, y si el Plan RD 2036 incorpora finalmente el componente haitiano, serán la señal a vigilar.









