La tecnología agrícola dominicana, y no la ampliación de tierras cultivables, debe ser el eje del crecimiento del sector agropecuario del país, planteó el ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, durante una intervención en Punta Cana. El funcionario argumentó que la tecnología agrícola dominicana enfrenta un punto de inflexión: el modelo histórico de crecer incorporando nuevas tierras ya no responde a la realidad de un territorio limitado y una población en expansión.
«La producción basada en superficie tiene límites», afirmó Paliza. República Dominicana cuenta con una extensión territorial fija mientras las zonas urbanas continúan expandiéndose, lo que reduce la tierra disponible para el campo. El reto, según el ministro, es que cada hectárea produzca más, con el conocimiento como insumo principal. Para los exportadores, los consumidores y los productores rurales, la respuesta a ese reto determinará si el país puede garantizar su seguridad alimentaria y, al mismo tiempo, ganar terreno en los mercados internacionales.
Inteligencia artificial y drones en el campo
Paliza señaló que la agricultura ha dejado de ser una actividad vinculada exclusivamente a la tierra, las semillas, los fertilizantes y la maquinaria. Herramientas como la inteligencia artificial, las bases de datos, los drones y los semiconductores pueden ayudar a los productores a tomar mejores decisiones, anticiparse a fenómenos climáticos y elevar el rendimiento de sus cultivos.
Como referencia concreta, citó una experiencia expuesta por el economista Michael Kremer, Premio Nobel de Economía 2019, quien describió cómo en la India utilizaron datos e inteligencia artificial para anticipar una sequía y transmitir esa información a millones de agricultores de forma oportuna. «Hoy el agro también es computación acelerada, que es base de datos, que son data centers, que son semiconductores, que son drones», expresó Paliza.
También mencionó el programa One Acre Fund, desarrollado en Kenia para apoyar a pequeños productores con financiamiento, tecnología y capacitación. Según el ministro, la iniciativa logró aumentar la productividad de los mismos terrenos sin ampliar su superficie, demostrando que las capacidades de los agricultores «no dependían del tamaño» de la finca. En el plano local, destacó la expansión de variedades de arroz de mayor rendimiento como un ejemplo de que la tecnología aplicada puede fortalecer uno de los principales renglones agrícolas del país.
Formación técnica y retención de jóvenes rurales
Un segundo eje del planteamiento de Paliza fue la retención de los jóvenes en las zonas rurales. El ministro advirtió sobre la migración de las nuevas generaciones hacia las ciudades y sostuvo que, para revertir esa tendencia, el campo debe ofrecer condiciones y oportunidades acordes con las expectativas de esa población. «Tenemos que hacer que el campo se parezca mucho a lo que el joven quisiera que se parezca», dijo.
En ese sentido, destacó la expansión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) hacia distintas provincias y el crecimiento de la oferta del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep). Mencionó además programas de capacitación vinculados al Ministerio de Agricultura y a Prorural, dirigidos a jóvenes de comunidades rurales. Paliza insistió en que la formación debe responder a las necesidades específicas de cada territorio: «Necesitamos formar en San Juan agrónomos, no abogados».
Mayor productividad como motor de exportaciones
El ministro cerró su argumentación con una proyección hacia los mercados externos. Elevar la productividad mediante el conocimiento, sostuvo, permitiría a República Dominicana no solo abastecer el mercado interno sino también fortalecer su capacidad exportadora. «Hoy el conocimiento es el elemento que va a ayudar a elevar la productividad del campo a los niveles no solamente que nos permitan suplir nuestras necesidades como país, sino también hacer de estas industrias un fuerte motor de exportación», afirmó.
Para concretar esa visión, Paliza llamó al sector público y al sector privado a colaborar en el acceso de los productores al financiamiento, la tecnología y la capacitación. La próxima señal a seguir es si ese llamado se traduce en políticas y presupuestos concretos, particularmente en el contexto de las negociaciones del presupuesto nacional y los planes de inversión agrícola para los próximos años.









