La riqueza mundial creció 10.8% en 2025, su mayor avance desde 2017 y el tercer año consecutivo al alza, impulsada principalmente por la tecnología y las inversiones en inteligencia artificial, según el Global Wealth Report 2026 de UBS. Sin embargo, ese crecimiento no se distribuyó de forma equitativa: el patrimonio de los multimillonarios subió 25% de media en el año cerrado en abril, muy por encima del promedio global.
Detrás de esa divergencia está la estructura de los activos. La riqueza mediana —el indicador que mejor refleja la situación del ciudadano común— cayó en la mayoría de los 56 mercados analizados por UBS. Al mismo tiempo, el 1.5% de la población adulta mundial concentra ya el 48.4% de toda la riqueza neta del planeta.
La tecnología como motor de concentración
El sector tecnológico, disparado por el flujo de inversiones en inteligencia artificial, es el principal responsable de esa brecha. El Nasdaq 100 acumuló ganancias superiores al 20% en el último trimestre, lo que impulsó los activos financieros —acciones, fondos, depósitos, pensiones— de quienes tienen exposición bursátil. Ocho de los diez primeros puestos del Bloomberg Billionaires Index están ocupados por magnates tecnológicos, entre ellos Elon Musk, Larry Page, Sergey Brin y Jeff Bezos. Elon Musk volvió a ser esta semana el primer billonario de la historia moderna.
El informe de UBS documenta que ya existen 37 personas con fortunas superiores a los US$50,000 millones, de las cuales 19 superan los US$100,000 millones. Paul Donovan, economista jefe de UBS Global Wealth Management, señala en el informe que «la creación de riqueza es la recompensa al trabajo duro o a asumir riesgos de inversión, pero en momentos de cambio estructural la riqueza también puede crearse por la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado».
El peso de los activos financieros marca la diferencia
La composición del patrimonio —cuánto está en bolsa y cuánto en ladrillo— determina quién se beneficia más del auge tecnológico. James Mazeau, CIO Economist de UBS Global Wealth Management, explicó que «los países donde el mercado doméstico está muy centrado en el sector de la IA, y donde los hogares sí participan en el mercado bursátil, tenderán a experimentar un mayor crecimiento de la riqueza que aquellos que no comparten estas características».
El caso más ilustrativo es el de Estados Unidos, donde los activos financieros representan el 78.9% de la riqueza bruta, uno de los porcentajes más altos de toda la muestra. Esa estructura explica en buena medida que el país generara más de 440,000 nuevos millonarios en 2025, más de 1,200 al día, y que su riqueza total creciera 8.5% pese a la depreciación del dólar. Más de cuatro millones de personas superaron allí los US$5 millones en patrimonio. No obstante, la riqueza mediana estadounidense se sitúa en apenas US$68,998, lo que ubica al país en el puesto 28 en términos de bienestar para el ciudadano promedio.
En el extremo opuesto se sitúan economías donde el grueso del patrimonio está atado a la vivienda. En España, por ejemplo, los activos financieros representan solo el 31.4% de la riqueza bruta, lo que limitó significativamente el beneficio del repunte bursátil global.
El resultado es un mapa de la riqueza cada vez más fracturado por la composición de los activos, no solo por geografía. «La riqueza tiende a concentrarse de nuevo, beneficiando a los hogares con una alta exposición a los mercados de renta variable, que suelen ser los hogares más ricos», advierte Mazeau. Para economías como la dominicana, donde la cultura de inversión bursátil aún es incipiente y el patrimonio familiar descansa en gran parte en bienes inmuebles y depósitos bancarios, el riesgo de quedar rezagadas en este ciclo de creación de riqueza tecnológica es concreto. Los próximos informes del Banco Central sobre composición del ahorro y la evolución del mercado de valores local ofrecerán señales clave sobre el alcance de esa brecha en la región.









